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martes, 6 de octubre de 2009

en sub-editorial de pocas palabras "lenguas largas...mentes cortas" se refiere a los discurseadores Castro y Chávez, pero no nombra a Evo larguero...


Los dictadores, o quienes están en camino a serlo, tienen en común una incontrolable afición a la verborrea y son varios de ellos los que han establecido marcas mundiales de oratoria hueca e insulsa. Fidel Castro se lleva la palma en este particular ranking, seguido por el libio Gaddafi; para cerrar el podium hay varios candidatos, pero quien parece llevar la delantera es el presidente venezolano Hugo Chávez.

Por supuesto que no es algo nuevo; por el contrario los dictadores modernos siguen el libreto de sus antecesores que, en el siglo pasado, tuvieron su máxima expresión en Hitler y Mussolini. Tanto aquellos como éstos dirigen su “prosa laberíntica”, como diría el escritor estadounidense Lionel Beehner, a audiencias dispuestas a aplaudir cualquier disparate y a resistir el tormento durante horas.

Pero, en el caso de las asambleas de la ONU ningún representante de ningún país civilizado se cala uno de esos bodrios. “Las ganas de orinar sobrepasan cualquier interés que pueda tenerse sobre el tema”, dice el intelectual estadounidense Lionel Beehner.

Sin embargo, ahí están y cada vez en mayor número, especialmente en América Latina. Si es que tienen público, ¿“por que no explayarse hasta el agotamiento?... ¿Por que no divagar indefinidamente si nadie va a bostezar, menos a protestar?... Por que no ser caradura y mentir abierta y descaradamente, si ningún miembro de la audiencia se va a atrever a gritar, como ocurre en los países democráticos y libres, ¡mentiroso!?”, afirma un columnista venezolano.

Lo lamentable es que esos millares de “interesados” son obligados a resistir esos tormentos, algunas veces por más de siete horas, no sin antes recibir un rosario de sanciones y amenazas. “En fin, detrás de las lenguas largas lo que hay son mentes cortas, que quieren convertir las mentes de los demás en una mente única, con una única doctrina y un único líder. Una suerte de boas constrictor de las sociedades ¿Será que nunca aprenderemos?”, concluye el columnista.L.T.

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