El primero de mayo de 2003, George Bush proclamó desde un portaviones, la victoria de la guerra contra Irak. Un acto que sería recordado por la frase: “misión cumplida”. Al cabo de cuatro años el pueblo iraquí continúa esperando contra toda esperanza que se cumpla la misión de vivir en paz.
¿Cuál es la misión cumplida? Cuatro años consecutivos de explosiones, muertes, miedo, angustia, enfermedades, escasez y toda clase de calamidades que podamos imaginar. Se considera que hay entre 61.728 a 67.703 civiles muertos, además de heridos, mutilados, familias sin hogar, huérfanos, desplazados, campos yermos, pozos de petróleo que arden, y una innumerable hilera de desgracias que pesan a diario sobre este pueblo tan maltratado. Esto sin contar con todos los soldados, muy pocos americanos de origen, que han caído y cuyos números no parecen ser muy ciertos y de las tropas iraquíes y de la policía local ni se habla, deben formar parte del “eje del mal”.
Ante esta situación a la cual no se ve fin, y ante la que te ves impotente para hacer algo nos queda siempre el recurso de esgrimir el arma de la oración para que el Señor les conceda la paz. Nuestras hermanas dicen que sólo un milagro puede lograrla. Pero hay que pensar en el dicho popular de:”A Dios rogando y con el mazo dando”.
¿De qué nos han servido las manifestaciones, las cartas a los presidentes de los gobiernos? Parece que a ningún país le importe lo que está ocurriendo. La prensa, la TV en sus informativos nos pueden mostrar o decir la cantidad de muertos que ha habido, lo poco segura que es la zona verde de Bagdad tan protegida. Pero luego todo queda en el mismo lugar.
Hay gente inquieta y amante de la paz, que no puede dormir tranquila ante tanto dolor, se preocupa y mueve para aliviar el sufrimiento de esta población. Así, hace unos meses, con la ayuda de una fundación privada, se pudieron hacer llegar al hospital San Rafael de Bagdad medicamentos que urgían para atender enfermedades comunes. Y con la ayuda del ejército español en el Líbano, se transportaron aerosoles que no se pueden trasladar en vuelos normales; desde Beirut se han hecho llegar a Bagdad y con éstos también se han podido aliviar enfermedades respiratorias, que son muy frecuentes. Pero todas estas ayudas son como una gota de agua en el mar.
El Hospital San Rafael de Bagdad recibe diariamente heridos, enfermos comunes, mujeres que acuden a dar a luz y son muchas las necesidades. ¿Qué hacen las organizaciones benéficas, las que están creadas para situaciones de emergencia? Creo que se tendría que ayudar más en estos casos. Este hospital católico, regido por religiosas, no hace distinción de confesiones, porque todos los que llegan a él son hijos de Dios y todos requieren ser atendidos como tales. Es un testimonio viviente que puede existir una armonía entre musulmanes y cristianos.
Creo que el desvelo de las hermanas a todo paciente las protege de muchas calamidades que ocurren diariamente en la ciudad. Como aman a todos sin distinción, son respetadas por todos. Pero el esfuerzo titánico que hacen estas mujeres junto con todo el equipo médico-sanitario merecería una atención mejor. Su trabajo ya en condiciones de desgaste y tensión, se ve entorpecido por los aparatos ya obsoletos que hacen que su esfuerzo no sea compensado.
Medio Oriente, tan amante de María, a Ella le pido que interceda por este pueblo y que lo acompañe en su sufrimiento como Ella acompañó a su hijo Jesús hasta el pie de la cruz. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Este es el Observador desde Suecia hacia el mundo. Un Vigilante de la libertad humana. El Vigía por los derechos del hombre, la preservación del medio ambiente, la paz universal.
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lunes, 4 de junio de 2007
miércoles, 30 de mayo de 2007
Las Ideas No Se Matan - Fidel Castro
Hace unos días, al analizar los gastos que implicaba la construcción de tres submarinos de la serie Astute, dije que con ese dinero "se podrían formar 75 mil médicos y atender a 150 millones de personas, suponiendo que el costo de formar un médico fuera la tercera parte de lo que cuesta en Estados Unidos." Ahora, siguiendo el mismo cálculo, me pregunto cuántos médicos se podrían graduar con los cien mil millones de dólares que, en un solo año, caen en manos de Bush para seguir sembrando luto en hogares iraquíes y norteamericanos. Respuesta: 999 990 médicos, los cuales podrían atender a 2 mil millones de personas que hoy no reciben servicio médico alguno.
Más de 600 mil personas han perdido la vida en Iraq y más de 2 millones se han visto obligadas a emigrar desde la invasión norteamericana.
En los propios Estados Unidos, alrededor de 50 millones de personas carecen de seguro médico. La ley ciega del mercado rige la prestación de ese vital servicio, y los precios se vuelven inaccesibles para muchas personas aun dentro de los países desarrollados. A la economía de los Estados Unidos los servicios médicos le aportan Producto Interno Bruto, pero no generan conciencia a los que los prestan ni tranquilidad en los que los reciben.
Los países que tienen menor desarrollo y más enfermedades disponen de menos médicos: uno por cada 5 mil, 10 mil, 15 mil, 20 mil o más habitantes. Cuando surgen nuevas enfermedades como el SIDA, de transmisión sexual, que en apenas 20 años ha privado de la vida a millones de personas, la padecen decenas de millones, entre ellas muchas madres y niños, para la cual existen ya paliativos, el precio de los medicamentos por persona puede ser 5 mil, 10 mil o hasta 15 mil dólares cada año. Son cifras de fantasía para la gran mayoría de los países del Tercer Mundo. Los pocos hospitales públicos se saturan de enfermos, que mueren amontonados como animales bajo el azote de una epidemia repentina.
Tal vez estas realidades, si se meditan, ayuden a una mayor comprensión de la tragedia. No se trata de una publicidad comercial que tanto dinero y tecnología requiere. Súmese el hambre que padecen cientos de millones de seres humanos, añádasele la idea de convertir los alimentos en combustibles, búsquesele un símbolo y la respuesta será George W. Bush.
Preguntado en fecha reciente por una personalidad importante sobre su política hacia Cuba, su respuesta fue: "Yo soy un Presidente de línea dura y solo espero la muerte de Castro." No constituyen un privilegio los deseos de tan poderoso caballero. No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida, o de los que se propone seguir matando de forma individual o masiva.
"Las ideas no se matan", exclamó con fuerza Sarría, un teniente negro, jefe de la patrulla del ejército de Batista, que nos hizo prisioneros después del intento de ocupar el Cuartel Moncada mientras dormíamos tres de nosotros en una pequeña choza de las montañas, agotados por el esfuerzo para romper el cerco. Los soldados, llenos de odio y adrenalina, apuntaban hacia mí aún sin haberme identificado. "Las ideas no se matan", continuó repitiendo, ya casi en voz baja, automáticamente, el teniente negro.
Aquellas magníficas palabras se las dedico a usted, señor W. Bush.
(Firmado por Fidel Castro, el artículo apareció hace pocas horas en Granma Internacional)
Más de 600 mil personas han perdido la vida en Iraq y más de 2 millones se han visto obligadas a emigrar desde la invasión norteamericana.
En los propios Estados Unidos, alrededor de 50 millones de personas carecen de seguro médico. La ley ciega del mercado rige la prestación de ese vital servicio, y los precios se vuelven inaccesibles para muchas personas aun dentro de los países desarrollados. A la economía de los Estados Unidos los servicios médicos le aportan Producto Interno Bruto, pero no generan conciencia a los que los prestan ni tranquilidad en los que los reciben.
Los países que tienen menor desarrollo y más enfermedades disponen de menos médicos: uno por cada 5 mil, 10 mil, 15 mil, 20 mil o más habitantes. Cuando surgen nuevas enfermedades como el SIDA, de transmisión sexual, que en apenas 20 años ha privado de la vida a millones de personas, la padecen decenas de millones, entre ellas muchas madres y niños, para la cual existen ya paliativos, el precio de los medicamentos por persona puede ser 5 mil, 10 mil o hasta 15 mil dólares cada año. Son cifras de fantasía para la gran mayoría de los países del Tercer Mundo. Los pocos hospitales públicos se saturan de enfermos, que mueren amontonados como animales bajo el azote de una epidemia repentina.
Tal vez estas realidades, si se meditan, ayuden a una mayor comprensión de la tragedia. No se trata de una publicidad comercial que tanto dinero y tecnología requiere. Súmese el hambre que padecen cientos de millones de seres humanos, añádasele la idea de convertir los alimentos en combustibles, búsquesele un símbolo y la respuesta será George W. Bush.
Preguntado en fecha reciente por una personalidad importante sobre su política hacia Cuba, su respuesta fue: "Yo soy un Presidente de línea dura y solo espero la muerte de Castro." No constituyen un privilegio los deseos de tan poderoso caballero. No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida, o de los que se propone seguir matando de forma individual o masiva.
"Las ideas no se matan", exclamó con fuerza Sarría, un teniente negro, jefe de la patrulla del ejército de Batista, que nos hizo prisioneros después del intento de ocupar el Cuartel Moncada mientras dormíamos tres de nosotros en una pequeña choza de las montañas, agotados por el esfuerzo para romper el cerco. Los soldados, llenos de odio y adrenalina, apuntaban hacia mí aún sin haberme identificado. "Las ideas no se matan", continuó repitiendo, ya casi en voz baja, automáticamente, el teniente negro.
Aquellas magníficas palabras se las dedico a usted, señor W. Bush.
(Firmado por Fidel Castro, el artículo apareció hace pocas horas en Granma Internacional)
jueves, 24 de mayo de 2007
Acerca del presupuesto para la guerra en Irak
Lo que parece ser una dicotomía, se convierte en monolítico apoyo al emprendimiento guerrero. Bush se salió con las suyas y a partir de ahora tendrá el dinero suficiente para no salir de Irak, como al principio lo habían pedido los demócratas. Ahora están todos de acuerdo, aquí no ha pasado nada y siguen las balas, los muertos y la destrucción...(parte del enfoque de IAR sobre la reciente medida del Congreso)
Esa falsedad mediática y manipuladora quedó nuevamente expuesta este martes cuando los líderes demócratas del Congreso de Estados Unidos le aprobaron al gobierno republicano de Bush un presupuesto de US$100.000 millones destinado a Irak, sin pedir a cambio un cronograma para el retiro de las tropas estadounidenses de ese país como habían prometido en su campaña electoral.
De esta manera, fieles a su "doble discurso" de campaña electoral, los demócratas, que controlan la mayoría en las dos cámaras del Congreso, desistieron de impulsar su plan para condicionar el otorgamiento de un presupuesto de US$100.000 millones destinado a Irak a cambio de fijar un cronograma para el retiro de las tropas estadounidenses de ese país.
La decisión, que la prensa estadounidense presenta como una "victoria de Bush", se produce tras semanas de discusiones sobre el proyecto de ley y después de que el presidente, George W. Bush, frenó, el 1 de mayo, la primera propuesta legislativa que condicionaba la aprobación de fondos militares al comienzo de la retirada de las tropas desplegadas en Irak.
Los demócratas ganaron las elecciones legislativas de noviembre pasado (y la mayoría en el Congreso) prometiendo al electorado estadounidense que no aprobarían el presupuesto militar de Bush sin exigir a cambio un cronograma de retiro de las tropas ocupantes norteamericanas.
En esta línea "opositora" a las políticas de guerra de Bush (reafirmada como bandera de la campaña presidencial del 2008) los demócratas se erigen como los representantes del Imperio de "rostro humanizado" que los sectores "progresistas" del mundo, manipulados por las grandes cadenas mediáticas, toman equivocadamente como la "alternativa a la política militar-conquistadora" de Bush y los republicanos.
Los demócratas, que votaron en el Congreso y aprobaron los presupuestos de las invasiones a Irak y Afganistán, quedan nuevamente en descubierto como el "complemento de los republicanos" en las políticas depredadoras y conquistadoras del Imperio norteamericano, del cual forman parte como partido dirigente.
Ambos partidos,(y como está demostrado históricamente), son las versiones "alternativas" ("liberal" y "conservadora") del mismo Imperio que se turnan periódicamente para administrar la Casa Blanca y ejecutar sin miramientos las políticas de conquista imperial (militar o "democrática") que requieren los intereses del capitalismo trasnacional sionista asentado en Wall Street.
Demócratas y republicanos se turnan en la administración del Imperio: cuando asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los demócratas juegan de "oposición crítica", y viceversa, sin que varíen para nada las matrices funcionales del sistema capitalista estadounidense basamentado en la conquista imperial de mercados y de recursos estratégicos, sea por la vía militar (invasiones) o por la vía "democrática" (gobiernos sometidos).
Las cadenas mediáticas del lobby sionista y sus "analistas" se encargan de que la "gran farsa" sea asumida por el mundo como una muestra de "alternativa democrática" del Imperio locomotora del sistema capitalista, que esconde su existencia real en la falsa lucha entre "izquierda" y "derecha".
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica.
Ver sus trabajos en IAR-Noticias / Google
Esa falsedad mediática y manipuladora quedó nuevamente expuesta este martes cuando los líderes demócratas del Congreso de Estados Unidos le aprobaron al gobierno republicano de Bush un presupuesto de US$100.000 millones destinado a Irak, sin pedir a cambio un cronograma para el retiro de las tropas estadounidenses de ese país como habían prometido en su campaña electoral.
De esta manera, fieles a su "doble discurso" de campaña electoral, los demócratas, que controlan la mayoría en las dos cámaras del Congreso, desistieron de impulsar su plan para condicionar el otorgamiento de un presupuesto de US$100.000 millones destinado a Irak a cambio de fijar un cronograma para el retiro de las tropas estadounidenses de ese país.
La decisión, que la prensa estadounidense presenta como una "victoria de Bush", se produce tras semanas de discusiones sobre el proyecto de ley y después de que el presidente, George W. Bush, frenó, el 1 de mayo, la primera propuesta legislativa que condicionaba la aprobación de fondos militares al comienzo de la retirada de las tropas desplegadas en Irak.
Los demócratas ganaron las elecciones legislativas de noviembre pasado (y la mayoría en el Congreso) prometiendo al electorado estadounidense que no aprobarían el presupuesto militar de Bush sin exigir a cambio un cronograma de retiro de las tropas ocupantes norteamericanas.
En esta línea "opositora" a las políticas de guerra de Bush (reafirmada como bandera de la campaña presidencial del 2008) los demócratas se erigen como los representantes del Imperio de "rostro humanizado" que los sectores "progresistas" del mundo, manipulados por las grandes cadenas mediáticas, toman equivocadamente como la "alternativa a la política militar-conquistadora" de Bush y los republicanos.
Los demócratas, que votaron en el Congreso y aprobaron los presupuestos de las invasiones a Irak y Afganistán, quedan nuevamente en descubierto como el "complemento de los republicanos" en las políticas depredadoras y conquistadoras del Imperio norteamericano, del cual forman parte como partido dirigente.
Ambos partidos,(y como está demostrado históricamente), son las versiones "alternativas" ("liberal" y "conservadora") del mismo Imperio que se turnan periódicamente para administrar la Casa Blanca y ejecutar sin miramientos las políticas de conquista imperial (militar o "democrática") que requieren los intereses del capitalismo trasnacional sionista asentado en Wall Street.
Demócratas y republicanos se turnan en la administración del Imperio: cuando asumen la presidencia los republicanos (como ahora), los demócratas juegan de "oposición crítica", y viceversa, sin que varíen para nada las matrices funcionales del sistema capitalista estadounidense basamentado en la conquista imperial de mercados y de recursos estratégicos, sea por la vía militar (invasiones) o por la vía "democrática" (gobiernos sometidos).
Las cadenas mediáticas del lobby sionista y sus "analistas" se encargan de que la "gran farsa" sea asumida por el mundo como una muestra de "alternativa democrática" del Imperio locomotora del sistema capitalista, que esconde su existencia real en la falsa lucha entre "izquierda" y "derecha".
(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica.
Ver sus trabajos en IAR-Noticias / Google
miércoles, 23 de mayo de 2007
Medular análisis de sucesos en Líbano
Los c.c. de IAR Argentina de nuevo están acertados en el análisis de los acontecimientos en Líbano que han producido más de 100 muertos. En suma se observa el movimientos de tropas libanesas bajo un esquema compartido de Israel y Estados Unidos para escalar la guerra en Medio Oriente. Se inventan un grupo hasta ahora desconocido Al Fatah II o cualquier nombre, (dizque célula de Al Qaida) que discrecionalmente revive o desaparece, se anuncia que tropas norteamericanas podrían desembarcar en Líbano para combatir a los palestinos olvidados desde siempre en unos campamentos donde vegetan unos 40 mil seres, sin poder regresar a su Patria, todo dentro de un plan maquiavélico para provocar al Hizbolá que venció a los soldados judíos por primera vez desde la creación de Israel y llegar a Siria responsable según la dupla de los incidentes cada vez mayores en Irak. El análisis es escalobriante a la luz de los acontecimientos. Veamos:
Todo "cierra" para que Israel y EEUU recreen su viejo proyecto de combatir al "terrorismo" e imponer la "democracia" en Líbano: Tres días de "violencia" y de destrucción, más de 100 muertos y decenas de heridos, combates encarnizados entre el ejército libanés (defensor del orden constitucional) y de un casi ignoto grupo "extremista" (el "terrorismo" desestabilizador), son suficientes para que la Casa Blanca, Tel Aviv y la Unión Europea (el eje asociado sionista) salgan (como salieron) a elogiar la efectividad represiva del ejército libanés y a condenar al "extremismo" islamista, como de costumbre vinculado con la omnipresente "Al Qaeda".
"Los extremistas que están tratando de derrocar esa joven democracia tienen que ser dominados", dijo George W. Bush (coreado desde Europa e Israel) , quien lamentó la "presión de fuerzas extranjeras en territorio libanés".
El condimento de costumbre: grupo "terrorista" +"violencia" = Siria, Irán, Hezbolá y los grupos "extremistas" islámicos "desestabilizando Líbano".
Cuando la CIA y el Mossad asesinaron a Rafic Hariri, en el 2005, ese fue el argumento que utilizó el eje Washington-Tel Aviv-Unión Europea para (y utilizando al Consejo de Seguridad de la ONU) expulsar a las tropas sirias e instalar un gobierno títere con Fuad Siniora y los sectores "antisirios" asociados a Israel y EEUU.
¿Terrorismo" a la medida USA-CIA-Mossad para rescatar y darle aire al decadente, desprestigiado, y acorralado gobierno de Siniora que tras el genocidio militar israelí en Líbano de agosto pasado todavía no pudo "desarmar" a Hezbolá que hoy lidera manifestaciones masivas pidiendo su renuncia?
¿Cómo puede explicarse que el ejercito libanés, con un potencial militar casi a la altura de una fuerza de boy scout, que permaneció pasivo y escondido durante el genocidio aéreo israelí, hoy se convierta en una "fuerza modelo" para combatir al "terrorismo" que quiere "terminar con la democracia" del gobierno "antisirio", según Bush?
Dime quien te elogia y te diré quien eres: Cuando la dupla Tel Aviv-Washington fracasó con su plan A militar para destruir a Hezbolá y terminar con su aparato político-militar, inmediatamente apareció el plan B (la división y el enfrentamiento interno) con el gobierno de Siniora y el ejército libanés como los instrumentos esenciales para aislar y derrotar a Hezbolá en su propio terreno.
El crecimiento del prestigio social y de la capacidad militar de la guerrilla chiíta, el entretejido de una poderosa y masiva oposición al gobierno títere pro-Washington y anti-Siria, le quitó sustento a Siniora y a su administración para cumplir con el objetivo de "desarmar" a Hezbolá que le había encomendado el eje Washington-Tel Aviv-Unión Europea, apoltronado en el sillón de la ONU y manejando las célebres "resoluciones" del Consejo de Seguridad, y que, durante 34 días dejó que la aviación judía masacrara a 1.300 civiles y convirtiera a Líbano en escombros.
Cuando el eje EEUU-Israel, con sus tanques, aviones y bombas de racimo fueron derrotados en Líbano por los "topos" de Hezbolá (que emergían y volvían a desaparecer en sus túneles secretos), fuentes de la inteligencia árabe salieron a advertir que Washington y el eje sionista habían comenzado un "plan terrorista" para desestabilizar Líbano y justificar su ocupación total por una "fuerza militar internacional" activa como ya funciona en Afganistán y en otros lugares.
En principio, Hezbolá con su enorme prestigio social y político (ganado por su heroica defensa de Líbano) , convertida en vanguardia activa de las movilizaciones populares masivas contra el gobierno títere de Siniora, ya no puede ser encuadrada dentro de la calificación de "organización terrorista" que originalmente le atribuían Washington-Tel Aviv y el eje sionista europeo.
(Vamos a completar en una segunda parte esta visión medular)
Todo "cierra" para que Israel y EEUU recreen su viejo proyecto de combatir al "terrorismo" e imponer la "democracia" en Líbano: Tres días de "violencia" y de destrucción, más de 100 muertos y decenas de heridos, combates encarnizados entre el ejército libanés (defensor del orden constitucional) y de un casi ignoto grupo "extremista" (el "terrorismo" desestabilizador), son suficientes para que la Casa Blanca, Tel Aviv y la Unión Europea (el eje asociado sionista) salgan (como salieron) a elogiar la efectividad represiva del ejército libanés y a condenar al "extremismo" islamista, como de costumbre vinculado con la omnipresente "Al Qaeda".
"Los extremistas que están tratando de derrocar esa joven democracia tienen que ser dominados", dijo George W. Bush (coreado desde Europa e Israel) , quien lamentó la "presión de fuerzas extranjeras en territorio libanés".
El condimento de costumbre: grupo "terrorista" +"violencia" = Siria, Irán, Hezbolá y los grupos "extremistas" islámicos "desestabilizando Líbano".
Cuando la CIA y el Mossad asesinaron a Rafic Hariri, en el 2005, ese fue el argumento que utilizó el eje Washington-Tel Aviv-Unión Europea para (y utilizando al Consejo de Seguridad de la ONU) expulsar a las tropas sirias e instalar un gobierno títere con Fuad Siniora y los sectores "antisirios" asociados a Israel y EEUU.
¿Terrorismo" a la medida USA-CIA-Mossad para rescatar y darle aire al decadente, desprestigiado, y acorralado gobierno de Siniora que tras el genocidio militar israelí en Líbano de agosto pasado todavía no pudo "desarmar" a Hezbolá que hoy lidera manifestaciones masivas pidiendo su renuncia?
¿Cómo puede explicarse que el ejercito libanés, con un potencial militar casi a la altura de una fuerza de boy scout, que permaneció pasivo y escondido durante el genocidio aéreo israelí, hoy se convierta en una "fuerza modelo" para combatir al "terrorismo" que quiere "terminar con la democracia" del gobierno "antisirio", según Bush?
Dime quien te elogia y te diré quien eres: Cuando la dupla Tel Aviv-Washington fracasó con su plan A militar para destruir a Hezbolá y terminar con su aparato político-militar, inmediatamente apareció el plan B (la división y el enfrentamiento interno) con el gobierno de Siniora y el ejército libanés como los instrumentos esenciales para aislar y derrotar a Hezbolá en su propio terreno.
El crecimiento del prestigio social y de la capacidad militar de la guerrilla chiíta, el entretejido de una poderosa y masiva oposición al gobierno títere pro-Washington y anti-Siria, le quitó sustento a Siniora y a su administración para cumplir con el objetivo de "desarmar" a Hezbolá que le había encomendado el eje Washington-Tel Aviv-Unión Europea, apoltronado en el sillón de la ONU y manejando las célebres "resoluciones" del Consejo de Seguridad, y que, durante 34 días dejó que la aviación judía masacrara a 1.300 civiles y convirtiera a Líbano en escombros.
Cuando el eje EEUU-Israel, con sus tanques, aviones y bombas de racimo fueron derrotados en Líbano por los "topos" de Hezbolá (que emergían y volvían a desaparecer en sus túneles secretos), fuentes de la inteligencia árabe salieron a advertir que Washington y el eje sionista habían comenzado un "plan terrorista" para desestabilizar Líbano y justificar su ocupación total por una "fuerza militar internacional" activa como ya funciona en Afganistán y en otros lugares.
En principio, Hezbolá con su enorme prestigio social y político (ganado por su heroica defensa de Líbano) , convertida en vanguardia activa de las movilizaciones populares masivas contra el gobierno títere de Siniora, ya no puede ser encuadrada dentro de la calificación de "organización terrorista" que originalmente le atribuían Washington-Tel Aviv y el eje sionista europeo.
(Vamos a completar en una segunda parte esta visión medular)
domingo, 20 de mayo de 2007
La verdad va saliendo a flote
Posada Carriles firme sospechoso de haber estado en el escenario del crimen cuando mataron a Kennedy
Robert Kennedy sospechaba de la pandilla cubana, la CIA y la Mafia• El hermano del presidente estaba convencido que los intentos de culpar a Cuba del magnicidio eran parte de un complot de estos grupos, los posibles autores según revelan evidencias que arrojan nueva luz sobre la protección de la familia Bush al terrorista Posada CarrilesGABRIEL MOLINA
Las sospechas de Robert Kennedy recién reveladas sobre la participación de las pandillas de origen cubano e italiano al servicio de la CIA en el magnicidio de su hermano, arrojan nueva luz sobre la protección de la familia Bush al terrorista Luis Posada Carriles.
El diario Chicago Tribune reveló el domingo último que Robert F. Kennedy sospechó —y comenzó a investigar desde el primer momento—, el 22 de noviembre de 1963, que el asesinato del Presidente fue una conspiración de esos grupos, pues él conocía mejor que nadie las motivaciones que los movían, por haber estado trabajando con ellos para derrocar a Fidel Castro y ahogar a la Revolución cubana, después del fiasco de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos.
EN SILENCIO HA TENIDO QUE SER
Las revelaciones aparecen en un artículo en ese diario el domingo 13 de mayo, del escritor David Talbot, sobre su libro Brothers: The Hidden History of the Kennedy Years, editado en estos días por la afamada firma Simon and Schuster.
Robert Kennedy había aprendido que en Washington lo mejor era guardar secreto cuando se trabajaba en algo importante. Por eso desinformó durante varios años, diciendo en público que ninguna investigación traería a su hermano de regreso. Pero, en realidad, desde esa misma tarde del magnicidio, es posible seguir la pista de su investigación, ya que comenzó enseguida a utilizar frenéticamente el teléfono desde su casa en Hickory Hill, y a convocar allí a sus ayudantes principales, para reconstruir los hilos del crimen.
El entonces Secretario de Justicia concluyó que la senda del atentado estaba bien lejos del ex marino Lee Harvey Oswald, quien ya había sido arrestado. Así se convirtió secretamente en el primer —y más importante— teórico de la conspiración asesina.
Fuentes de la CIA comenzaron a diseminar su propia visión conspirativa, desde las primeras horas del crimen, enfocándolo en la defección de Oswald hacia la Unión Soviética y su supuesto apoyo a Fidel Castro, que predicaba un grupo secretamente organizado por la Compañía con el código secreto AMSPEL, relató Talbot.
Ese llamado Directorio Estudiantil difundió una grabación que decían habían hecho a Oswald, defendiendo al líder cubano en Nueva Orleans. Alegaban que el supuesto asesino tenía lazos con el Comité de Justo Trato para Cuba.
Pero Robert Kennedy nunca creyó que el asesinato fue un complot comunista. Él miraba en dirección opuesta, enfocándolo en sus sospechas sobre las secretas operaciones anti-Castro de la CIA en el turbio bajo mundo en que él había navegado como hombre puntero de su hermano sobre el tema de Cuba. Irónicamente, las sospechas de Robert nacieron por hacer él la parte del trabajo que le correspondía: provocar el derrocamiento de Fidel Castro.
En esas tareas que le asignó el presidente Kennedy después de la fracasada invasión, conoció la cloaca de intrigas constituida por los elementos que participaban en los complots para asesinar al Presidente de Cuba. Especialmente le chocó el plan organizado por la CIA con los pandilleros cubanos y los capos mafiosos italo-americanos John Rossellli, Sam Giancana y Santos Trafficante.
A estos y otros padrinos había perseguido con saña Robert Kennedy en los primeros años de los cincuenta, como consejero del Comité especial del Congreso que investigaba a los raqueteros y en sus años como Secretario de Justicia en el Gobierno de su hermano. También sabía cómo los tres grupos odiaban y calificaban de traidores a los Kennedy, por el desenlace de Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los Cohetes en 1962.
EL SOSPECHOSO MUNDO SINIESTRO DE MIAMI
En el siniestro mundo de espías, pandilleros y terroristas cubanos de Miami, fue donde Robert Kennedy rápidamente acumuló sus sospechas el mismo 22 de noviembre. En los años sucesivos hasta su propio asesinato, el 5 de junio de 1968, pudo reunir un impresionante cuerpo de evidencias que sustentan por qué Robert se sintió obligado a mirar en esa dirección.
La más reciente evidencia aparecida, además de los testimonios en el Congreso, los documentos gubernamentales desclasificados y hasta las veladas confesiones, ha sido la revelación del reputado espía fallecido en enero, hace solo cuatro meses, E. Howard Hunt. El organizador de los plomeros de Watergate admite en su libro póstumo American Spy, que la Compañía pudo haber estado involucrada en el magnicidio. En notas manuscritas y una grabación dejada al morir, fue más lejos, pues admite que en 1963 él participó en una reunión de miembros de la CIA, en una casa de seguridad en Miami, donde se discutió sobre un atentado contra el Presidente.
LA MAFIA DE CHICAGO Y LA DE MIAMI
La noche del magnicidio, Robert Kennedy telefoneó en Chicago a Julius Draznin, quien es un experto en corrupción en los sindicatos, para preguntarle sobre una posible conexión en Dallas de la Mafia. También llamó a su investigador estrella en la Secretaría de Justicia, Walter Sheridan, quien se encontraba en Nashville esperando por el juicio del antiguo némesis de Robert, el dirigente de los camioneros, Jimmy Hoffa.
Si Kennedy tenía algunas dudas sobre la participación de la Mafia en el magnicidio, las disipó dos días después, cuando Jack Ruby disparó contra Oswald en el sótano de la estación de policía donde estaba preso el presunto asesino de su hermano.
Sheridan le suministró rápida evidencia de que Ruby había sido pagado en Chicago por un cercano asociado de Hoffa, Allen M. Dorfman, consejero jefe del Fondo de Retiro de los Camioneros e hijastro de Paul Dorfman, dirigente laboral y vínculo principal con la Mafia de Chicago. Días después, Draznin, hombre de Kennedy en el antiguo feudo de Al Capone, proveyó más evidencias con un informe completo acerca de los lazos de Ruby con la Mafia. Cuando le llevaron la lista de las llamadas que Ruby había hecho en los días del asesinato, dijo a su ayudante Frank Mankiewicz que la lista era como un duplicado de la gente que yo llamaba a testificar ante el Comité que investigaba a los raqueteros.
Respecto a la CIA, Robert sabía que el director, John McCone, no la controlaba. Richard Helms es quien está a cargo de la Agencia, comentó con otro ayudante, John Seigenthaler.
El propio día 22 tuvo una reveladora conversación con Enrique Ruiz Williams, un amigo, veterano de la invasión de Bahía de Cochinos, a quien dejó estupefacto cuando le dijo: Uno de tus colegas lo hizo.
La CIA y los grupos cubanos enemigos de Castro trataban de conectar al alegado asesino con el régimen de La Habana. Pero para Williams quedó claro que Robert Kennedy no compraba la versión. Evidencias recientes sugieren —anota Talbot—, que Robert había escuchado el nombre de Oswald largo tiempo antes de que irrumpiera en las noticias alrededor del mundo, y que conectaba a ese hombre con la guerra subterránea del Gobierno norteamericano contra Cuba. Con su arresto en Dallas, Kennedy aparentemente comprendió que la campaña clandestina contra Castro se había convertido en un bumerán contra su hermano.
Miembros de la familia y también íntimos amigos dicen que ese fin de semana del atentado, Robert, desvelado, andaba cavilando solo sobre la muerte de su hermano. Dijo ese día que John había sido víctima de un poderoso complot que creció al margen de una de las operaciones anti-Castro secretas. No había nada que se podía hacer sobre ese punto, agregó. La Justicia tendría que esperar hasta que pudiera retomar la Casa Blanca.
A través de los años, Kennedy ofrecería rutinarios endosos al Informe Warren y su teoría del tirador único. Pero en privado, continuó trabajando asiduamente para esclarecer la muerte de su hermano, en preparación para reabrirlo si en algún momento obtenía el poder para hacerlo.
Después que dejó el Departamento de Justicia en 1964 y fue elegido para el Senado por Nueva York, Kennedy viajó a México, donde buscó información sobre el misterioso viaje de Oswald en septiembre de 1963, dos meses antes del crimen. Mankiewicz y él llegaron a la conclusión de que probablemente era un complot que envolvió a la Mafia, a los exiliados cubanos y oficiales de la CIA. En marzo del 68, durante su campaña para candidato a la presidencia, se dirigió a un tumultuoso mitin de estudiantes en Nortridge, California, quienes le gritaron que querían saber quién mató al Presidente, que abrieran los archivos.
Robert sabía que si se refería a ello, el tema iba a dominar la campaña en vez de otros candentes asuntos, como la guerra en Viet Nam y la segregación racial en el país. Pero él se dirigía siempre a los estudiantes con sorprendente sinceridad y dejó en una pieza a Mankiewicz cuando después de alguna duda, respondió: Pueden estar seguros de que no hay nadie más interesado que yo. Sí, yo reabriré el caso.
OTRA VEZ LA CIA
Tal vez estaba firmando su sentencia de muerte. Dos meses después, también caería asesinado.
Recientemente fue descubierto que el grupo de oficiales CIA sospechoso del asesinato del Presidente, estaba presente, más allá de sus funciones, en el hotel donde fue asesinado Robert, el candidato seguro a ganar la presidencia.
Cuando se recuerda que el oficial del caso del trabajo sucio contra Cuba fue largo tiempo George Bush padre; cuando se recuerda que Bush padre era el vicepresidente durante la época del escándaloso tráfico de armas por drogas en Centroamérica, de lo que sabe y tiene todo el terrorista y prófugo de la justicia confeso; cuando se recuerdan tantos otros inconfesables crímenes de la pandilla del CIA-GATE, se comprende mejor que Luis Posada Carriles, también sospechoso en el asesinato de Kennedy, que estaba ese día en Dallas y es señalado por el Informe del Congreso que lo investigó, pueda chantajear a George Bush hijo.
Robert Kennedy sospechaba de la pandilla cubana, la CIA y la Mafia• El hermano del presidente estaba convencido que los intentos de culpar a Cuba del magnicidio eran parte de un complot de estos grupos, los posibles autores según revelan evidencias que arrojan nueva luz sobre la protección de la familia Bush al terrorista Posada CarrilesGABRIEL MOLINA
Las sospechas de Robert Kennedy recién reveladas sobre la participación de las pandillas de origen cubano e italiano al servicio de la CIA en el magnicidio de su hermano, arrojan nueva luz sobre la protección de la familia Bush al terrorista Luis Posada Carriles.
El diario Chicago Tribune reveló el domingo último que Robert F. Kennedy sospechó —y comenzó a investigar desde el primer momento—, el 22 de noviembre de 1963, que el asesinato del Presidente fue una conspiración de esos grupos, pues él conocía mejor que nadie las motivaciones que los movían, por haber estado trabajando con ellos para derrocar a Fidel Castro y ahogar a la Revolución cubana, después del fiasco de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos.
EN SILENCIO HA TENIDO QUE SER
Las revelaciones aparecen en un artículo en ese diario el domingo 13 de mayo, del escritor David Talbot, sobre su libro Brothers: The Hidden History of the Kennedy Years, editado en estos días por la afamada firma Simon and Schuster.
Robert Kennedy había aprendido que en Washington lo mejor era guardar secreto cuando se trabajaba en algo importante. Por eso desinformó durante varios años, diciendo en público que ninguna investigación traería a su hermano de regreso. Pero, en realidad, desde esa misma tarde del magnicidio, es posible seguir la pista de su investigación, ya que comenzó enseguida a utilizar frenéticamente el teléfono desde su casa en Hickory Hill, y a convocar allí a sus ayudantes principales, para reconstruir los hilos del crimen.
El entonces Secretario de Justicia concluyó que la senda del atentado estaba bien lejos del ex marino Lee Harvey Oswald, quien ya había sido arrestado. Así se convirtió secretamente en el primer —y más importante— teórico de la conspiración asesina.
Fuentes de la CIA comenzaron a diseminar su propia visión conspirativa, desde las primeras horas del crimen, enfocándolo en la defección de Oswald hacia la Unión Soviética y su supuesto apoyo a Fidel Castro, que predicaba un grupo secretamente organizado por la Compañía con el código secreto AMSPEL, relató Talbot.
Ese llamado Directorio Estudiantil difundió una grabación que decían habían hecho a Oswald, defendiendo al líder cubano en Nueva Orleans. Alegaban que el supuesto asesino tenía lazos con el Comité de Justo Trato para Cuba.
Pero Robert Kennedy nunca creyó que el asesinato fue un complot comunista. Él miraba en dirección opuesta, enfocándolo en sus sospechas sobre las secretas operaciones anti-Castro de la CIA en el turbio bajo mundo en que él había navegado como hombre puntero de su hermano sobre el tema de Cuba. Irónicamente, las sospechas de Robert nacieron por hacer él la parte del trabajo que le correspondía: provocar el derrocamiento de Fidel Castro.
En esas tareas que le asignó el presidente Kennedy después de la fracasada invasión, conoció la cloaca de intrigas constituida por los elementos que participaban en los complots para asesinar al Presidente de Cuba. Especialmente le chocó el plan organizado por la CIA con los pandilleros cubanos y los capos mafiosos italo-americanos John Rossellli, Sam Giancana y Santos Trafficante.
A estos y otros padrinos había perseguido con saña Robert Kennedy en los primeros años de los cincuenta, como consejero del Comité especial del Congreso que investigaba a los raqueteros y en sus años como Secretario de Justicia en el Gobierno de su hermano. También sabía cómo los tres grupos odiaban y calificaban de traidores a los Kennedy, por el desenlace de Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los Cohetes en 1962.
EL SOSPECHOSO MUNDO SINIESTRO DE MIAMI
En el siniestro mundo de espías, pandilleros y terroristas cubanos de Miami, fue donde Robert Kennedy rápidamente acumuló sus sospechas el mismo 22 de noviembre. En los años sucesivos hasta su propio asesinato, el 5 de junio de 1968, pudo reunir un impresionante cuerpo de evidencias que sustentan por qué Robert se sintió obligado a mirar en esa dirección.
La más reciente evidencia aparecida, además de los testimonios en el Congreso, los documentos gubernamentales desclasificados y hasta las veladas confesiones, ha sido la revelación del reputado espía fallecido en enero, hace solo cuatro meses, E. Howard Hunt. El organizador de los plomeros de Watergate admite en su libro póstumo American Spy, que la Compañía pudo haber estado involucrada en el magnicidio. En notas manuscritas y una grabación dejada al morir, fue más lejos, pues admite que en 1963 él participó en una reunión de miembros de la CIA, en una casa de seguridad en Miami, donde se discutió sobre un atentado contra el Presidente.
LA MAFIA DE CHICAGO Y LA DE MIAMI
La noche del magnicidio, Robert Kennedy telefoneó en Chicago a Julius Draznin, quien es un experto en corrupción en los sindicatos, para preguntarle sobre una posible conexión en Dallas de la Mafia. También llamó a su investigador estrella en la Secretaría de Justicia, Walter Sheridan, quien se encontraba en Nashville esperando por el juicio del antiguo némesis de Robert, el dirigente de los camioneros, Jimmy Hoffa.
Si Kennedy tenía algunas dudas sobre la participación de la Mafia en el magnicidio, las disipó dos días después, cuando Jack Ruby disparó contra Oswald en el sótano de la estación de policía donde estaba preso el presunto asesino de su hermano.
Sheridan le suministró rápida evidencia de que Ruby había sido pagado en Chicago por un cercano asociado de Hoffa, Allen M. Dorfman, consejero jefe del Fondo de Retiro de los Camioneros e hijastro de Paul Dorfman, dirigente laboral y vínculo principal con la Mafia de Chicago. Días después, Draznin, hombre de Kennedy en el antiguo feudo de Al Capone, proveyó más evidencias con un informe completo acerca de los lazos de Ruby con la Mafia. Cuando le llevaron la lista de las llamadas que Ruby había hecho en los días del asesinato, dijo a su ayudante Frank Mankiewicz que la lista era como un duplicado de la gente que yo llamaba a testificar ante el Comité que investigaba a los raqueteros.
Respecto a la CIA, Robert sabía que el director, John McCone, no la controlaba. Richard Helms es quien está a cargo de la Agencia, comentó con otro ayudante, John Seigenthaler.
El propio día 22 tuvo una reveladora conversación con Enrique Ruiz Williams, un amigo, veterano de la invasión de Bahía de Cochinos, a quien dejó estupefacto cuando le dijo: Uno de tus colegas lo hizo.
La CIA y los grupos cubanos enemigos de Castro trataban de conectar al alegado asesino con el régimen de La Habana. Pero para Williams quedó claro que Robert Kennedy no compraba la versión. Evidencias recientes sugieren —anota Talbot—, que Robert había escuchado el nombre de Oswald largo tiempo antes de que irrumpiera en las noticias alrededor del mundo, y que conectaba a ese hombre con la guerra subterránea del Gobierno norteamericano contra Cuba. Con su arresto en Dallas, Kennedy aparentemente comprendió que la campaña clandestina contra Castro se había convertido en un bumerán contra su hermano.
Miembros de la familia y también íntimos amigos dicen que ese fin de semana del atentado, Robert, desvelado, andaba cavilando solo sobre la muerte de su hermano. Dijo ese día que John había sido víctima de un poderoso complot que creció al margen de una de las operaciones anti-Castro secretas. No había nada que se podía hacer sobre ese punto, agregó. La Justicia tendría que esperar hasta que pudiera retomar la Casa Blanca.
A través de los años, Kennedy ofrecería rutinarios endosos al Informe Warren y su teoría del tirador único. Pero en privado, continuó trabajando asiduamente para esclarecer la muerte de su hermano, en preparación para reabrirlo si en algún momento obtenía el poder para hacerlo.
Después que dejó el Departamento de Justicia en 1964 y fue elegido para el Senado por Nueva York, Kennedy viajó a México, donde buscó información sobre el misterioso viaje de Oswald en septiembre de 1963, dos meses antes del crimen. Mankiewicz y él llegaron a la conclusión de que probablemente era un complot que envolvió a la Mafia, a los exiliados cubanos y oficiales de la CIA. En marzo del 68, durante su campaña para candidato a la presidencia, se dirigió a un tumultuoso mitin de estudiantes en Nortridge, California, quienes le gritaron que querían saber quién mató al Presidente, que abrieran los archivos.
Robert sabía que si se refería a ello, el tema iba a dominar la campaña en vez de otros candentes asuntos, como la guerra en Viet Nam y la segregación racial en el país. Pero él se dirigía siempre a los estudiantes con sorprendente sinceridad y dejó en una pieza a Mankiewicz cuando después de alguna duda, respondió: Pueden estar seguros de que no hay nadie más interesado que yo. Sí, yo reabriré el caso.
OTRA VEZ LA CIA
Tal vez estaba firmando su sentencia de muerte. Dos meses después, también caería asesinado.
Recientemente fue descubierto que el grupo de oficiales CIA sospechoso del asesinato del Presidente, estaba presente, más allá de sus funciones, en el hotel donde fue asesinado Robert, el candidato seguro a ganar la presidencia.
Cuando se recuerda que el oficial del caso del trabajo sucio contra Cuba fue largo tiempo George Bush padre; cuando se recuerda que Bush padre era el vicepresidente durante la época del escándaloso tráfico de armas por drogas en Centroamérica, de lo que sabe y tiene todo el terrorista y prófugo de la justicia confeso; cuando se recuerdan tantos otros inconfesables crímenes de la pandilla del CIA-GATE, se comprende mejor que Luis Posada Carriles, también sospechoso en el asesinato de Kennedy, que estaba ese día en Dallas y es señalado por el Informe del Congreso que lo investigó, pueda chantajear a George Bush hijo.
viernes, 18 de mayo de 2007
Se va quedando solo
Uno a uno van desapareciendo quienes respaldaron las acciones guerristas después del 11 de Septiembre. Primero fue Aznar que perdió su silla de Primer Ministro en un voto castigo por haber tenido a Bush por Oriente, luego los líderes del Parlamento seguidores suyos que fueron condenados por corrupción, los funcionarios implicados en lo que se llama CIAGATES y que no concluyó sino que prosigue su curso hasta obtener la cabeza de Cheney su vicepresidente y quizá la suya propia. El ministro de Defensa Rumsfeld y ahora uno de los halcones mas acérrimos que fue trasladado primero a la representación ante Naciones Unidas y más tarde nominado Presidente del Banco Mundial, el organismo más poderoso en el mundo de las finanzas, llamado por Bb Woodward el padre intelectual y el mayor defensor de la idea de derrocar a Saddam Paul Wolfowitz doctorado en ciencia políticas y modales casi rabínicos, era un halcón de ideas radicales. Las razones para quitar de en medio a Saddam eran simples y resultaría sencillo, pronosticó en el 2001, "había que enviar tropas y capturar un mil pozos que producían dos tercios de todo el crudo de Irak y establecer una cabeza de puente". Ya estamos viendo que resulta del consejo de Wolfowitz, 600 mil vidas de árabes una gran mayoría civiles que nada tuvieron que ver con la guerra o el terrorismo han sucumbido, 3500 norteamericanos y más de 20 mil heridos que han vuelto a casa sin brazos, sin piernas, sin ojos o dañados cerebral o siquícamente para toda la vida. Este señor se irá a su casa, como también lo hará Blair que perdió el apoyo del partido laboral por su esrecha relación con Bush. Así, poco a poco se va quedando solo, sus amigos lo dejan y su entorno se va reduciendo en el orden interno donde ya no tiene respaldo y la caída de su popularidad está casi en el 30%. "Dios ciega a los que quiere perder", los obsecados no tienen salvación, resultan siendo víctimas de sus propios errores.
martes, 15 de mayo de 2007
Un valioso testimonio
que nos ofrece desde Estados Unidos Enrique Bachinelo, ex-senador de la república, ex-dirigente cívico y sindical, político y periodista que desde San Francisco ha visto de cerca las fuerzas del averno desatadas contra miles de indocumentados que salieron a las calles a demandar la "legalización de su situación". Ya conocemos la respuesta del Presidente Bush a un problema humano que tiene que encontrar una solución pacífica, justa y también generosa. Su artículo es conmovedor.
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