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jueves, 26 de mayo de 2016

Alvaro Puente que conoce a Quintana de siempre, lo trata de bromista, porque lo que dijo en una perorata de tres a cuatro horas en el parlamento fue una sarta de mentiras, de medias verdades, de broma contadas en serio, de tomadura de pelo a una cantidad de grupos, de una especie de "descarga de conciencia" por culpas propias para engatuzar la perdiz...con gritos e insultos, sus agresiones no pasaron de tales...

Es terrible. Con frecuencia se nos complican las cosas y no nos alcanza el tiempo para hacer o para decir todo lo que necesitamos. El ministro de la Presidencia estuvo tres horas hablando en el Parlamento y le faltó tiempo para decir un detalle fundamental. Le faltó tiempo para aclararnos que hablaba en broma, que lo que nos contaba era un chiste, que no pretendía ser realista.

Por momentos fue sarcástico, porque sabe mejor que nadie que la partida de nacimiento del niño Morales-Zapata no salió del sombrero de un mago. Salió del Registro Civil. Sabe también que si no hay niño, pudo perfectamente haber nacido. Sabía de la relación afectiva entre el presidente y la señorita Zapata. Si no, ¿por qué alojó a la dama en oficinas de su ministerio? ¿Por qué perdió el celular de sus conversaciones? Como viejo lobo del mar de la política, sabe que la autoridad que firma contratos por cientos de dólares, como si es por cientos de millones de dólares, con la empresa de su amante, no hace bien. Sabe que no es correcto. Sabe que aquí y en la China a eso se llama tráfico de influencias.

Sabe mucho más que nosotros. Por eso sabe que no son los que odian a nuestra tierra los que se llevan las manos a la cabeza. Sabe que no son los traidores a la patria los que piden corrección. No tuvo tiempo para decirlo, pero sabe que no hace falta traer la idea desde el imperio para inventar lo que ya teníamos en nuestra cruda realidad criolla.

Si no era humor, era ironía, porque sabe de sobra que periódicos, radios y canales deben contarnos lo que sucede. Eso es la noticia. Por eso, cuando hablaba del cártel de la mentira, seguramente se refería a los medios que disimularon la noticia, a los que la escondieron bajo la alfombra. Quizá a los personeros del Gobierno que la manipularon. Sabe de sobra que es necesario que se cuente todo para que la gente forme una opinión madura. Es persona inteligente. Es culto. Ha rodado mundo y gobiernos. ¿Cómo va a pensar nadie que el ministro no tiene totalmente claros los principios de la política, de la sociedad, de la vida, de la ética?

O se le olvidó aclarar, o lo dijo cuando no nos dimos cuenta. Si no, ¿cómo se explican los gritos y los insultos? ¿A qué venían amenazas terribles? Tiene que haber una explicación para que hayamos entendido lo contrario de lo que él piensa, lo contrario de lo que sabe, lo contrario de lo razonable. Si no fuera una broma, sería tráfico de mentiras, que es más grave que el tráfico de influencias. Y el MAS no cae en nada de eso

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