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miércoles, 17 de agosto de 2016

de 12 comandantes, 9 o presos o bajo tutela judicial. nunca antes la dependencia del Ejecutivo había sido tal. hoy está la Policia sujeta totalmente a Evo y la "rosca palaciega". un nuevo Jefe en nada hará cambiar a la Institución víctimas de los mismos errores del pasado.

La Policía boliviana tiene en René Rino Salazar Ballesteros a su nuevo comandante general, que se ha estrenado con el violento enfrentamiento con los cooperativistas mineros y que, entre pedradas y dinamitazos, dejó bastante maltrechos a decenas de uniformados. Salazar Ballesteros fue posesionado en el cargo por el jefe de Estado y poco después recibió -del Ministerio de Gobierno- la instrucción de trabajar en una 'reingeniería' para redistribuir a los efectivos policiales de forma más equilibrada en todo el país. En una de las tantas 'cumbres' de seguridad ciudadana celebradas sin mayores resultados, la Gobernación de Santa Cruz planteó la desconcentración de la Policía para que preste servicios más eficientes y que se reconozca a las regiones competencias autonómicas en materia de seguridad. La petición cayó en saco roto.
Con motivo del reciente cambio de mando, ha vuelto a ponerse en consideración la necesidad de encarar una profunda reforma policial ante la ineficacia y el descrédito que afectan la imagen de la entidad verde olivo y que repercute en la inseguridad que atormenta a la ciudadanía. Se espera que no sea un anuncio más porque la reestructuración de la Policía es una tarea pendiente desde hace tiempo, lo que la hace objeto de cuestionamientos profundos y permanentes.
Desde la llegada del presidente Evo Morales al poder, en 2006, han pasado más de una docena de comandantes nacionales de la Policía, de los cuales nueve han enfrentado procesos penales y algunos de ellos guardan detención preventiva en cárceles del país. Las acusaciones en su contra tuvieron que ver con delitos de corrupción, extorsión, narcotráfico y violación de derechos humanos. Un excomandante policial señaló la influencia política, la sumisión al Gobierno de turno, la pérdida de valores en la institución y la falta de ética en los mandos superiores como los factores que influyen en el mal funcionamiento de la Policía. También se reprocha al Gobierno no tener claro cuál es el verdadero papel que esta entidad debe desempeñar; asimismo, el hecho de que su sometimiento al poder político le impide responder con mayor solvencia a las necesidades de la ciudadanía.
La reforma de la Policía no puede seguir esperando, pero este proceso requiere, además de voluntad política, recursos económicos para pagar a los policías salarios dignos, igualmente la provisión de equipos modernos para combatir el delito creciente en el país. De otra manera, el cambio que se demanda no será posible y quedará en un simple saludo a la bandera.

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