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domingo, 22 de marzo de 2009

resulta que lo más sagrado que tiene una familia es su casita. con todo lo que significa en seguridad, protección, vida familiar. el derecho violado!!

Ojo! ¡A defender la casita!
Dominicus
Ha pasado un par de semanas desde la invasión y toma de la casa –cerca de Achacachi– del ex vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas por grupos de exaltados capitaneados por los llamados ponchos rojos. Éstos siempre aprovechan el caudal de la ‘patota’ para sus abusos, tanto en este caso como en otros anteriores. Uno a uno, hombre a hombre, estoy seguro de que los tales ponchos rojos no se animan a mucho. Como hordas numerosas cebadas con exceso de coca y de alcohol, se sienten poderosos y degüellan perros indefensos, golpean a la gente o copan propiedades ajenas. Así están las cosas en el altiplano pero, ¡ojo!, en cualquier momento algo similar puede suceder en los llanos orientales. Las cosas malas se imitan rápidamente…El argumento de la ‘toma’ en el caso de Cárdenas ha sido el de los ‘usos y costumbres’. Al respecto, el mamotreto constitucional ilegal –que el Gobierno formalizó mediante el referéndum del pasado 25 de enero– brinda interpretaciones que permiten cierta justificación ‘legal’ de cualquier tipo de usurpaciones de propiedades privadas. Es cuestión de apelar a falaces elementos de ‘justicia social o comunitaria’.De seguir estos excesos, tendremos que montar una torreta con ametralladora en el frontis de nuestras casas, para estar así dispuestos a defenderlas con la vida propia o quitando –si es preciso por ser atacados– la vida ajena. A esos extremos en los que nadie quiere ni pensar nos hacen llegar las acciones que se ejercieron con total impunidad y con la Policía de ‘mirona’, mediando la pasividad –rayana en la complicidad– de las autoridades encargadas de velar por la seguridad ciudadana.Si la propiedad privada más privada (que es la propia casa de uno) estará en el porvenir inmediato sujeta a cualquier tipo de arbitrariedades, entonces, o hay que irse pronto al punto fronterizo más cercano para abandonar definitivamente esta peligrosa Bolivia ‘plurinacional’ o prepararse –donde cada cual se encuentre– para la pelea. No hay mucho margen para otras opciones, salvo que se respete la ley y que ésta sea firmemente aplicada por quienes juraron cumplirla y hacerla cumplir. Ojalá vuelva la tranquilidad. Los que ansiamos paz así lo pedimos, pero que se sepa también que hay gente dispuesta a luchar si es provocada. Es un hecho que las casas en centros urbanos y suburbanos ya están en la mira. ¡Cuidado Santa Cruz!

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