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jueves, 19 de enero de 2012

lacónico y certero como siempre Mario Rueda Peña muestra a una ciudadanía que no percibe y se halla desorientada ante las maniobras de EM


La oposición político-partidaria ni siquiera parece percibir la proximidad temporal de las elecciones presidenciales de 2014. Marcha de tumbo en tumbo, clavando las pupilas a los costados o sobre cualquier cosa, menos en aquel duelo político-electoral tan crucial para el destino mediato del país.
Asistir a la cita convocada por el jefe de Estado fue una de sus últimas desviaciones visuales. Ni remotamente percibieron los móviles ocultos en este emprendimiento de la cabeza máxima del oficialismo. El MAS apostaba a deshacer con un rotundo golpe escénico esa imagen de autoritarismo y hegemonía que determinados comportamientos, por cierto reñidos con la democracia y los derechos humanos, le habían afirmado a escala nacional e internacional. El perfil de un gobierno que dialoga y concierta con todos sus adversarios debía acabar con semejante apreciación.
Una segunda finalidad era acentuar el proceso de fragmentación político-partidaria de sus adversarios. Lo consiguió. Únicamente tres fuerzas opositoras (MSM, UN y MNR) abandonaron la reunión, pero solo porque el presidente les privó de esa caja de resonancia que es siempre la prensa para los políticos. Se dispuso que la sala de la reunión fuera expurgada de periodistas de radio, prensa y TV.
Está aún por verse si los partidos que se quedaron a debatir los ‘temas de la agenda nacional’ pasan a formar parte del Consejo Político de Consulta, en el cual estará también el oficialista MAS y algunos pequeños partidos ‘filomasistas’ o ‘filoficialistas’, identidades debidas a parentescos y cargos burocráticos, según propias confesiones.
Por cierto que a los referidos sectores opositores no les irá bien si enganchan su carro al convoy ‘consultivo’. Ensombrecerán su imagen ante esa parte del pueblo, cuyo porcentaje no es poco, según últimas encuestas, que desaprueba al actual Gobierno y su partido.
Igual desgaste ya debieron padecer los que fueron y luego abandonaron la cita, solo porque el jefe de Estado los dejara sin reporteros que difundieran sus puntos de vista. No recobran nada con la iniciativa de una cumbre de partidos de oposición que debata los temas de la agenda nacional. Esta cita es solo para conclusiones que en virtual calidad de proposiciones harán llegar al Gobierno.
Lo racional y lógico sería una cumbre opositora para la táctica y estrategia a aplicar en las elecciones de 2014, ambas, naturalmente, referidas a un frente único de oposición sobre bases de coincidencias programáticas mínimas para políticas de Estado a ejecutarse en el futuro. Nada de esto. La oposición perdió el rumbo. Piensa en cualquier cosa, menos en lo que debe. Cualquiera puede percibir en la gente común la mueca de disgusto ante semejante desorientación.
* Abogado y periodista

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