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domingo, 27 de febrero de 2011

creyó que su poder sería eterno, que sus crímenes no tendrían castigo, que las armas lo protegerían. hoy debe irse y no volver jamás. H. Vacaflor


La ciudad donde gobierna le ha dado la espalda después de haberlo tenido como su ídolo. Ahora se queman sus retratos. Y en el resto del país la decepción es superior al 80%.
Acusar de este desastre al ‘imperio’ es agravar las cosas, porque es pretender que el pueblo lo crea, y esa es otra ofensa. Acusar a los opositores, cuando los has destruido con saña y hasta con sangre, es perverso.
Dar nombres rimbombantes a la ‘revolución’, mientras hace canalladas bajo la mesa, viste trajes ridículos y adopta poses de emperador, sirve por un tiempo, pero los pueblos no son permanentemente tontos.
Cambiar la bandera del país, porque estás inaugurando una era nueva, y pretendes ser la bisagra de la historia, sirve por un tiempo solamente.
Basar tu programa de gobierno en mensajes publicitarios, en alianzas regionales con otros especuladores, no dura para siempre.
Perseguir a los opositores en nombre de la revolución y pisotear las leyes, tampoco es para siempre.
Alegar que tu gobierno está basado en las masas y cambiar el nombre al país, es una ofensa que los pueblos, a la corta o a la larga, no aceptan.
Tramar y ordenar asesinatos es algo que se puede hacer, por un tiempo, pero luego se hace insostenible. Todo se llega a saber.
Armar todo un aparato de propaganda, comprar intelectuales y periodistas es común a todos que se le parecen. Pero creer luego que esa letanía de elogios es auténtica y basarse en esa creencia para justificar tu permanencia en el poder, es tonto.
Los chupamedias nunca van a faltar. Siempre que hay mandamases hay chupamedias, tirasacos, alquilados o no, gratuitos o no.
En fin, que Muamar al Gadafi tendría que irse. Y con él todos los que están en su situación.
Cuando él se vaya, ya lo han dicho los libios, ese país volverá a tener la bandera que tenía antes de la llegada del tirano.
Volverá a ser la República (o Reino) de Libia y habrá quedado en la historia eso del Estado Jamihiriya (Estado de las masas). Las masas que se supone están en el Gobierno con este régimen, están despidiendo al usurpador.
No es solamente el mal manejo de la economía lo que ha decretado el fin de este dictador árabe. Es la impostura convertida en estilo de gobierno. Es el hablar del pueblo, de las masas, pero gobernar para unos pocos, los vivos de turno. Es pregonar democracia y pisotearla o –peor– burlarse de ella, hacer mofa de ella; usarla como pretexto.
Es alquilar tu nombre y tu predominio momentáneo a ideologías de las cuales apenas puedes balbucear los más elementales conceptos. La Revolución Verde en el desierto de Trípoli es una propuesta escrita por sus asesores intelectuales, que cobran por palabra escrita, como en todas partes.
Algunos de los seguidores de Gadafi están atacando las casas de los líderes de la revuelta. Los alquilados de esta clase de gobiernos siempre actúan así, atacando a los críticos. Y siempre pasan la factura, como hicieron con otros, incluso de tendencia opuesta.
Pero que tiene que irse, no hay duda.

1 comentario:

sonia dijo...

Pensé que hablaba de evo!
Me encanta su trabajo, todos sabemos cuántos ridículos dictadorcillos seudo socialistas se encaminan al final de sus tropelías.