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miércoles, 9 de febrero de 2011

Karem Aráuz desde El Día reflexiona sobre las incoherencias en que incurre la Administración en el caso Villa Vargas


Es redundante mencionar que para el gobierno del MAS hay un antes y un después del gasolinazo. Lo que sucede, es que lanzaron la imprudente medida fundada en una excesiva y necia seguridad, entendiendo que su poder es tal, que no hay nada que no puedan hacer. Se ha desmaquillado y hoy propios y extraños, estamos observando cómo luce su cara más fea y su inestabilidad anímica.

Las mujeres sabemos cuán desequilibrante puede ser el que nos fotografíen en bata de casa, con una mascarilla de pepinos en la cara y ruleros en la cabeza. Una situación así nos llevaría indefectiblemente a un ataque de nervios y la arremetida en retorno sacaría a relucir los peores modales que denotarían la bronca que sentimos por habernos dejado sorprender.

Parangón aparte, la beligerante respuesta de diversos oficialistas relacionados a un par de temas urticantes ya no son sólo displicentes sino de franco desprecio por nuestras neuronas. Cuando el senador Ávalos nos dio a conocer que él no necesita azúcar porque tiene quintales almacenados en su casa, daban ganas de tirarle un zapato al televisor. No tanto porque tenga los medios de poder almacenar para todo un año cuando la gran mayoría reúne por días para una sola libra, como por sus aires de portentoso recién arrimado. Si a eso se suma que el mero Presidente risueño e irónico, sugiere que tengamos panales de abejas para que nos fabriquen miel como alternativa a la incapacidad del gobierno de las “grandes reservas internacionales” de proveer de este elemental producto calórico, humilla y embronca. De yapa, una Ministra con desconocida capacidad de gestión y dudosa fe, le pide a Dios que aparezca el azúcar ahí por mayo. Sobre el generalizado aumento de precios o la creciente escasez no hay uno solo que brinde una explicación medianamente coherente. Así lo entienden las oficialistas Bartolinas cuando en este aspecto, acertadamente, se niegan a vivir como en Cuba.

Lo demás que abruma a la opinión pública porque no se logra descifrar cuál es el tema que trata de distraernos del otro, es la cantidad de declaraciones delirantes relacionadas a Ignacio Villa Vargas. No se entiende nada pero se deduce mucho. La prensa lo encuentra pero los fiscales lo pierden. Es aprehendido pero no irá preso. Es testigo principal, pero también es acusado. Y viceversa. Para algunos miembros del gobierno, está implicado en el supuesto caso de terrorismo y separatismo mientras que para otros, es un valioso y legítimo informante digno de la gran guerra fría. En realidad es en esencia una infecto-contagiosa papa caliente que eventualmente irá a dar al fondo de las brasas.

Merecer que SE le dedique preciosos minutos de su recargada agenda, aunque para menospreciarlo, es insólito. Claro que SE gusta de opinar sobre temas que frecuentemente desdicen la investidura presidencial. De acuerdo al blog “Bolivia Informa” del 21 de mayo de 2009 el fiscal Soza declaraba: “Ignacio Villa Vargas, alias ‘El Viejo’ fue remitido a la justicia ordinaria por estar imputado bajo el delito de terrorismo, a tiempo de mostrar la orden de aprehensión luego de una audiencia de declaraciones informativas de más de tres horas”.
Honestamente no recuerdo la cinematográfica desaparición de Villa Vargas. Para mí, simplemente se esfumó. Lo que sí es literalmente de película, es su inesperada reaparición. Muy interesante el intríngulis de posiciones relacionadas a las andanzas de esta deplorable celebridad cuando se endilga a los medios de comunicación la tarea de detenerlo y la policía no sospecha cómo informar. Si lo detenían, molestaría. Si no lo hacían, agobiaría. En las próximas horas veremos un nuevo capítulo de esta apasionante serie de suspenso. “El Viejo” es el típico ejemplo de personajes que más vale perderlos que encontrarlos.

Me ha venido a la mente Pedro Camacho, el esencial personaje de Vargas Llosa en la “Tía Julia y el Escribidor”. Muy entretenido tratar de seguir sus libretos de radionovelas entrelazando y confundiendo. En su afiebrado escribir y escribir, inventar sin descanso e interpretar, perdía la línea entre lo real y lo ficticio lo que finalmente lo llevaría a la degradación de sus facultades mentales.
Este parágrafo se lo debo a mi memoria que siempre anda urdiendo y asociando sin razones aparentes.

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