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miércoles, 9 de septiembre de 2015


a quién creerle a Evo? a Luchín Arze?

Casi al mismo tiempo que el ministro de Economía, Luis Arce, repetía una y otra vez que “el “modelo boliviano marcha a todo vapor” y que no hay de qué preocuparse, el presidente Morales decía en un acto público que la caída de los precios del petróleo nos obligará a ajustarnos los cinturones.
Pero hay razones para pensar que el presidente no hablaba de todos, es decir de gobernantes y gobernados, porque inmediatamente de lanzada la advertencia hizo pública una multimillonaria compra de aviones, radares y otros equipos sofisticados a la república Argentina. Este anuncio llega después del impresionante presupuesto presentado por el Primer Mandatario para la construcción de hospitales de todos los niveles, aunque no se aclaró si el proyecto incluye la dotación de personal, camas y equipo, por lo que no se sabe si esas moles de cemento van a ayudar en algo a mejorar la salud de la población. Si es gasto nomás destinado a seguir alimentando el monstruo público de derroche y corrupción, la cosa se va a poner fea más pronto de lo previsto.

Siempre se ha dicho que en los economistas y en las estadísticas hay que creer después de hablar con una ama de casa o con una persona de a pie, como el presidente por ejemplo, que nuevamente ha mostrado una realidad diametralmente opuesta a la que presentan sus operadores políticos que tienen la misión de machacar la propaganda exitista, porque de lo contrario se puede truncar la avalancha  reeleccionista. El problema es que el discurso también se contradice con los hechos, especialmente con el comportamiento de los gobernantes que se resisten a incluirse en la lista de los obligados a hacer austeridad.

Hay que tener cuidado porque la crisis no respeta discurso y tampoco planes políticos. La economía manda siempre y mucho más cuando la platita comienza a escasear. Necesitamos ser serios; habría que empezar por manejar un solo discurso y obviamente aplicárselo a todos, incluyendo a los empresarios formales a los que se pretende obligar a pagar nuevamente el doble aguinaldo, con lo que se incrementa el riesgo de quiebra para muchas compañías que apenas pudieron salvarse el año pasado. Lo triste es que además de los establecimientos que se vieron obligados a cerrar, hay otros que siguen funcionando con números rojos, especialmente las empresas estatales como Huanuni que deberán cumplir con la obligación, si es que el Gobierno insiste en esta descabellada medida.

Solo hay que mirar las cifras de nuestras exportaciones para darnos cuenta de que –como dice el analista internacional Andrés Oppeinheimer-, estamos ante la “tormenta perfecta”. En términos globales, nuestra ventas han caído en más de un 30 por ciento en algunos rubros, los bajones se han reducido casi en la mitad. Seguir insistiendo en que no pasa nada es “vivir en otro planeta”, dice el mismo columnista, quien solamente pide ver la enorme dependencia de la exportación de materias primas de los países latinoamericanos para darse cuenta de lo que nos espera o para explicar lo que ya está sucediendo en el vecindario.

Hay que tener cuidado porque la crisis no respeta discurso y tampoco planes políticos. La economía manda siempre y mucho más cuando la platita comienza a escasear. Necesitamos ser serios; habría que empezar por manejar un solo discurso y obviamente aplicárselo a todos, incluyendo a los empresarios formales a los que se pretende obligar a pagar nuevamente el doble aguinaldo (aparece en El Dia ,  de Santa Cruz de la Sierra.

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