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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Karen Arauz muestra la sin razón de Cristina que se resiste a dejar la Casa Rosada, apela la peronista a toda clase de mañas para causar daño a Mauricio Macri, lo que demuestra una actitud indigna de una Nación grande y venturosa como Argentina. Karen también zurfa en los meandros del chavismo cuyo presidente perdió de nuevo la madurez de juicio.


LA HILACHA DE CRISTINA

A una semana del traspaso del poder en la Argentina, políticos, gobernantes que salen y que entran y periodismo en general, están embarcados en una discusión por demás insólita considerando que la situación no es de las mejores sobre todo por la realidad económica, la grave inseguridad y el avance del narcotráfico. Nada tiene más malhumorada a la perdidosa Cristina Kirchner que admitir que tiene que salir de la casa de gobierno mal que le pese y por eso, se niega a darle a Macri la oportunidad de instalarse en la Casa Rosada el mismo día. Los actos protocolares de la transmisión, se han convertido en una pulseta rayana en la ridiculez.

A juzgar por las actitudes que desde el balotaje ha asumido el Frente para la Victoria cuya cabeza es su saliente presidente,  se pretende convertir el traspaso del gobierno, en un acto de masas con los riesgos de seguridad que implica dar cabida a los movimientos sociales en el Congreso, que no son más que barras bravas pagadas como la mano operativa  delincuencial kirchnerista.    El grupo de choque institucionalizado, los muchachos de La Cámpora, tiene la consigna de dificultar un traspaso democrático y racional de gobierno ante la expectativa mundial.

Los Presidentes Barack Obama de Estados Unidos y Francois Hollande de Francia, -entre otros-han confirmado su asistencia lo que es traducido como un gesto amistoso de gran trascendencia para una nueva administración que en pocas palabras, está en las antípodas del peronismo kirchnerista. Es de esperar, que el par de representantes aún en pie del socialismo del Siglo XXI, de asistir, no se plieguen a las manifestaciones populistas de resistencia para demostrar cómo es que patalean los ahogados.

Se dice que a la gente se la conoce en la derrota. Y Cristina Fernández de Kirchner está mostrando la hilacha como nadie. Durante mucho tiempo corrieron rumores sobre su deleznable equilibrio mental. Que la aqueja un trastorno bipolar, es un secreto que se hará público en breve tiempo, cuando los medios que lo han sabido por años ya no tengan qué temer.  Esto, -además de su agujereado ego-, explicaría lo irracional de las decisiones febriles que está  tomando a horas de irse, como el allanamiento al Banco Central, la designación de cientos de militantes en espacios de la administración pública, el nombramiento de nuevos embajadores, la aprobación de casi cien leyes que por años durmieron en el Congreso, la reformulación del presupuesto para el 2016 a fin de aumentar el gasto fiscal y un sinnúmero de formas disparatadas de dejar minado el camino de Mauricio Macri. Pero también se empieza a notar,  que se ha vencido el factor miedo que permitió ocultar situaciones inverosímiles como el asalto a las arcas fiscales o la muerte del fiscal Niesman.

A esto se reduce todo. Los que han usado y abusado del poder en la Argentina por doce años, están aterrorizados ante la inminencia del fin de su impunidad y la desesperación es mala consejera. Y éste es uno de los mayores problemas de la falta de alternancia democrática. Las actitudes de los inclinados a desconocer las leyes y las normas por un período prolongado, van apoderándose de  derechos apoyados en la costumbre cotidiana de hacer lo que les da la gana, expandiendo día a día las fronteras de los límites permisibles.

Con mayor mezcla de trastornos mentales, Nicolás Maduro también tratará de incendiar Venezuela ante su inminente derrota del próximo 6 de diciembre. Es de esperar que el ejército que está dispuesto a utilizar, recuperará a último minuto la cordura y no se embarcará en ninguna matanza contra el pueblo venezolano.  El entorno familiar, -presos por narcotráfico- que están negociando con la justicia americana,  sólo Dios sabe cómo puede terminar. Eso, y las violaciones públicas a los Derechos Humanos,  le están ajustando irremisiblemente el nudo de la soga que tiene en el cuello y lo empuja a la autodestrucción.

Nada más difícil que lograr que la experiencia propia les sirva a los demás. Muchos de los errores del vecino, los repiten sistemáticamente. La corrupción, la mayor lacra de los gobiernos llamados progresistas, es la que le está poniendo el apellido a la decadencia del absurdo populismo bolivariano que en el caso específico de Cristina Fernández, ha estado tejiendo primorosamente, un gran candado a sus sueños de 2019, pero tirando también, la llave lejos del alcance del peronismo sobreviviente.

Aquello de que "el ladrón juzga a todos de su misma condición" en estas circunstancias toma cierto aroma a premonición. Los que han estado ejerciendo el poder pertrechados de una llave inglesa que aprieta en los lugares claves; ésos que saben usar las palabras precisas para amenazar con disimulo; aquéllos que son hábiles para encontrar el talón de Aquiles del más mínimo adversario  y que hasta han aprendido a fumar bajo el agua, son peligrosos a la hora de aferrarse, porque están muy temerosos de perder su obsceno poder. Saben que de retorno al llano, los peldaños que gozosamente pisaron para subir, serán inexistentes cuando estén obligados a bajar.


Karen Arauz

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