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domingo, 2 de abril de 2017

Humberto muy bien enterado de la problemática venezolana, coloca a cada "chavista" en su rol adecuado, loo que ayuda a entender la trifulca y el reacomodo en Caracas

La palabra recular significa, según el diccionario de la Real Academia, “retroceder, andar hacia atrás”, pero seguidamente coloca otra palabra más emocionante y sonora: reculón. A esta última le asigna el acto de “retroceso brusco”, que sería lo adecuado si vamos a calificar el comportamiento del honorable magistrado Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

Lo de Tribunal Supremo no lo dudamos, pero lo de justicia está en veremos para muchos venezolanos que no tienen ni los recursos ni las amistades poderosas para reclamar la protección que deberían dar las leyes a todos por igual.

Lo cierto es que desde el nombramiento de Maikel quedó claro que carecía de altura e independencia de criterio y que, tarde o temprano se iba a convertir en una fuente de conflictos porque se le estaba colocando allí como un espadachín alquilado por los cuatro jinetes del poder. La domesticación y sometimiento del Tribunal Supremo a la cúpula civil y militar exigía a alguien de total confianza.
El capitán Cabello había ido perdiendo poder y presencia en la fuerza armada y por ello decidió, en las postrimerías de su mandato como presidente de la Asamblea Nacional, construir un poder judicial que actuara como su ejército privado y a la vez como su “espada de Damocles”. Desde la derrota del 6 de diciembre puso todos sus esfuerzos en ello, de allí que Maikel le cayera del cielo.

Pero las rencillas internas y el estilo militar del capitán Cabello no fueron bien recibidos por todos. Padrino y Reverol exigieron su parte del pastel y Tareck el Aissami no quiso quedarse fuera porque su presunta vinculación con el terrorismo sirio y con Hezbolá lo convertía en un blanco internacional de primera línea. De forma que la cúpula del poder quedó en manos de Maduro, Cabello, Tareck y Reverol.

¿Qué hacer entonces con la Asamblea Nacional? Anularla, “una tarea fácil para Maikel”, dijo el Capitán. Todo parecía fácil hasta que el grupito comenzó a pasarle por encima a la fiscal que, ni tonta ni perezosa, decidió que ella no iba a ser cómplice de los delitos que se estaban cometiendo de una manera burda y comprometedora por los militares y las policías, porque la enrumbaban a la Corte de la Haya.

Decidió enfrentar a los militares que se limpiaban el trasero con los derechos humanos y con la Constitución, y lo hizo de una manera audaz y sorpresiva: leyó su informe anual por los medios públicos y reventó a Maikel, su enemigo, a Reverol que le faltaba el respeto y a Diosdado que nunca la tomaba en cuenta. A Maduro lo puso a bailar pero de susto. Menuda puñalada.

Lo cierto es que, más allá de los cuentos conspirativos y de las cortinas de humo que tanto abundan, lo que realmente sucedió es que la fiscal derrotó a Diosdado y lo dejó nocaut, a Reverol le ensució su famosa OLP dando cifras oficiales que obligan a su renuncia si le quedara algo de honor y a Tareck viendo para los lados y buscando a quien se le arrima para salvarse en su caída. Y a Maikel lo puso a redactar otra sentencia que, desde ya, es nula.

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