Venezuela y las dictaduras desnudas, sin careta de democracia


Carlos Sánchez Berzain*

La dictadura venezolana ha dado un golpe de estado contra la Asamblea Nacional, utilizando un fallo infame de su Tribunal Supremo de Justicia, suplantando al único órgano legítimo de Venezuela. Este crimen ha sido perpetrado con el respaldo y coordinación de los gobiernos de Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, mostrando la naturaleza de los regímenes de Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega. El golpe de estado en Venezuela pone al desnudo las cinco dictaduras de la región que han perdido definitivamente la careta de democracia.

La Carta Democrática Interamericana establece en su artículo tercero que los “elementos esenciales de la democracia” son: “el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”. La Carta Democrática está activada por los dos informes del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, sobre la situación de Venezuela, que prueban que Nicolás Maduro y su gobierno no cumplen ninguno de los elementos esenciales y que hace muchos años Venezuela tiene un gobierno dictatorial con careta de democracia.

Careta es una “mascara, fingimiento, disimulo”, es un disfraz, una simulación o engaño con la que se intenta “aparentar o hacer que algo parezca lo que no es”, se trata de “ocultar o encubrir con astucia”. Esto es precisamente lo que los regímenes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua han estado haciendo y aún pretenden. Se presentan como democracias y son dictaduras. Reclaman la condición de democracias con adjetivos de acompañamiento como socialistas, progresistas, del socialismo del siglo XXI, bolivarianas o del alba, cuando en verdad se trata de un sistema dictatorial castrista-estalinista.

Los informes del Secretario Almagro prueban: que en Venezuela se violan los derechos humanos con persecuciones políticas que utilizan el poder judicial como instrumento de represión; que hay presos, perseguidos y exiliados políticos; que el “estado de derecho” ha desparecido porque Maduro y su consorcio están por encima de la ley y son la ley; que han concentrado todo el poder en sí mismos extinguiendo “la división e independencia de los poderes públicos”; que han llevado el pueblo venezolano a una crisis humanitaria que viola todos los derechos humanos; que no hay libertad ni de expresión ni de prensa; que no existe posibilidad de acción política. Lo que el Secretario Almagro demostró con sus informes es que Venezuela no es una democracia, es una dictadura, con tremendos efectos para las similares de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, al punto que si la OEA trabajaría informes sobre estos países los resultados serían similares a los de Venezuela, con un daño devastador para el líder del grupo que es la Cuba castrista.

El castro-chavismo nucleado en el socialismo del siglo XXI y en el Foro de Sao Paolo controla hoy mismo la mayoría de votos de los 35 estados miembros de la OEA, por medio de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua que defendiendo a Nicolás Maduro se protgegen a sí mismos; con el petróleo venezolano manipulado como soborno a los países del Petrocaribe; con amenazas de desestabilización y generación de crisis; y con relaciones o presiones ideológicas. A partir de la crisis venezolana, la opinión pública mundial ha tomado conocimiento de esta situación y los pueblos han producido cambios y presiones que permitieron que la valentía del Secretario Almagro active la Carta Democrática. Pero hasta ahora no existen los dos tercios necesarios para sancionar al gobierno de Maduro.

La dictadura de Maduro es además un “narco estado” y existe prueba de ello con los informes de los Estados Unidos que señalan al vicepresidente venezolano, con los sobrinos de Maduro presos y juzgados por narcotráfico en Nueva York, con el “cartel de los soles” que implica altos mandos del gobierno, con las relaciones con las FARC y Evo Morales como principales fuentes proveedoras de cocaína que han convertido a Venezuela en el “eje de la droga”, con relaciones con el terrorismo de origen islámico. Esta situación también alcanza a los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, tanto y más como los toca e implica la condición de dictadores.

Es en este contexto en el que Maduro produce el golpe de estado contra la Asamblea Nacional de Venezuela, siguiendo la estrategia castrista de “defenderse profundizando la dictadura”, o sea corriendo hacia delante y mostrando que no están dispuestos a dejar del poder de ninguna forma. El golpe se produce luego de ejercicios de defensa militar similares a los practicados por años por el régimen castrista en Cuba con propaganda antiimperialista, luego de haber ratificado la injusta condena contra el preso político Leopoldo López y en medio del gran esfuerzo de encubrir la corrupción de Odebrecht y el “lava jato” que toca también a sus cómplices de Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

El golpe de estado de Maduro en Venezuela es el golpe de las dictaduras, marca con claridad la existencia y la confrontación entre “LAS DOS AMERICAS”, la democrática y la dictatorial. La de los presidentes sujetos al estado de derecho, con división e independencia de poderes versus la de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, que es la de los jefes eternos, todopoderosos que violan los derechos humanos y quieren morir impunes en el poder. El efecto político del golpe de Maduro es mostrar que las dictaduras están desnudas, están en evidencia, han perdido la careta de democracia con la que engañaron por años, y que no es solo Venezuela, son cinco!
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy