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miércoles, 18 de julio de 2012

"no jales tanto la pita, que..." recomendó Alan a Evo, pero éste la sigue jalando peligrosamente. Brasil a punto de ir a la acción por el tema Roger Pinto (El Dia)


Bolivia se toma las cosas muy a pecho y eso le puede costar caro con un gigante como es Brasil. Durante el mandato de Lula Da Silva, los brasileños le concedieron asilo a un famoso terrorista italiano, Cesare Battisti, y se negaron una y otra vez a extraditarlo y no por eso se generó un roce con Italia y tampoco llamaron “desatinada” a la decisión de Brasil, que por cierto, siempre se basa en determinaciones judiciales muy bien estudiadas y en los sesudos análisis que hace la juiciosa diplomacia del vecino país.

Los escándalos relacionados con el narcotráfico no son nada nuevos para Bolivia. El más reciente abordado por la prensa brasileña no será el último y si las cosas siguen al ritmo actual, tampoco será el más grave.  Ni el caso del asilo al senador Pinto o el reportaje de la revista “Veja” dan derecho a Bolivia a responder con bravuconadas y menos a buscar a un sabueso que hará las veces de diplomático con la ridícula misión de intimidar a semejante vecino, uno de los socios comerciales más importantes del país y el principal comprador de nuestro gas (“…y de favor”, como dijo Lula Da Silva en varias ocasiones).

Es posible que todo se deba al nerviosismo que cunde en el Gobierno boliviano por la cada vez más agitada situación social, pero también hay mucho de soberbia, pues abiertamente se admite que las cosas han llegado al nivel del roce diplomático, una situación que podría agravarse si el régimen boliviano insiste en criticar la decisión brasileña y retrasar la entrega del salvoconducto al senador Pinto, quien ya cumplió más de un mes como alojado dentro de la Embajada de Brasil en La Paz.

El Gobierno boliviano no debería poner en riesgo las relaciones con Brasil simplemente por salir en defensa de posturas personales y muy coyunturales. Los vínculos con la séptima potencia mundial son demasiado importantes para la ciudadanía boliviana como para andar en las mismas camorras que nos han enfrentado en el pasado reciente con Perú o con Chile. El Gobierno de Brasil se ha mostrado muy paciente con las rabietas bolivianas y mucho más con los desplantes que le hizo hace unos años la administración gubernamental y su torpe manera de intervenir en los campos gasíferos bajo control de Petrobras.

La actitud complaciente de Brasil, no sólo con Bolivia sino también con todo el bloque chavista al que le cedió protagonismo dentro de América del Sur, han provocado severas críticas internas hacia el régimen de Lula y de su sucesora, Dilma Rousseff, a quienes consideran responsables de que los brasileños hayan perdido gran parte de su liderazgo regional. Y el asunto no se refiere exclusivamente al factor político o económico, sino también al de seguridad ya que se culpa a los brasileños por el desmesurado crecimiento del narcotráfico en nuestro territorio, que ha provocado una avalancha de droga en el vecindario.

En este momento viene a la memoria aquella frase del expresidente peruano, Alan García, quien advirtió de manera muy vulgar a su colega boliviano: “no jales tanto la pita, que se puede romper”. Algunos empresarios brasileños que trabajan en el país se atreven a denunciar un gesto de venganza a raíz del caso Pinto. Ciertos analistas entendidos en la materia, creen que a tal punto llega la provocación que incluso se ha puesto en riesgo la exportación de gas ¿será tan grave?
El Gobierno boliviano no debería poner en riesgo las relaciones con Brasil simplemente por salir en defensa de posturas personales y muy coyunturales. Los vínculos con la séptima potencia mundial son demasiado importantes para la ciudadanía boliviana como para andar en las mismas camorras que nos han enfrentado en el pasado reciente con Perú o con Chile.

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