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miércoles, 17 de mayo de 2017

el verbo está de moda. es el proceso terminal del latrocinio que se repitió en Argentina y Uruguay y que afecta hoy a Venezuela, descripción acertada de Karen cuando se refiere a ese "momento culmen" del asalto al poder, en medio de la violencia, la sangre y la muerte y que no les deja otra escapatoria "el eschats" el descubierto ostentando bienes y lujos, pero sin abandonar el poder, las armas, sus instrumentos de represión como son el hambre y la falta de todo incluyendo medicamentos para sobrevivir.


LA HORA DEL ESCRACHE

El término "escrachar" antes usado y conocido casi exclusivamente en Uruguay y Argentina, se ha puesto a disposición de todos los latinoamericanos, sobre todo en aquellos  países donde la corrupción, la coartada libertad de expresión y actitudes totalitarias  que usan ciertos gobiernos para amedrentar  tales como la judicialización de todo tipo de iniciativa de oposición a determinadas políticas gubernamentales, ha generalizado el término y activado su utilización.

La necesidad de una censura social hacia ciertos individuos  - cuyo poder emana de la política- hace que la impotencia cobre impulso y encuentre salida en manifestaciones populares  de repudio no -ortodoxas. La moral y los principios éticos parecieran haber pasado de moda. Antes, los pillos hacían de todo para permanecer en el anonimato y se abstenían de hacer ostentación de sus riquezas recientemente adquiridas.  Pero juntamente a la era de la desfachatez, ha llegado la era de la necesaria confrontación pública y escandalosa.

Desde hace un par de semanas, las víctimas de "escrache" en diversos lugares públicos o en la puerta de sus casas para que todo el vecindario se entere, ha llegado para catarsis de miles de venezolanos que evidencian a estas horas, que la corrupción y el latrocinio del chavismo en manos de Maduro  -el abominable sucesor de Chávez-, está haciendo alarde de los fondos saqueados al pueblo venezolano por casi dos décadas, en importantes ciudades llenas de lujo y glamur. Sea Madrid, Miami o París, siniestros personajes se pavonean luciendo lujos recién adquiridos mientras en la tierra de Bolívar, están matando por decenas a jóvenes que gritan basta al descalabro mientras otras decenas de enfermos y niños, también están muriendo pero por criminal falta de medicamentos.

Venezuela ha tardado mucho en reaccionar, cuando la situación casi ha llegado al borde de una guerra civil. Es comprensible considerando que para ser uno de los países más ricos del mundo, era inconcebible que llegara donde está. Los venezolanos no tenían en su memoria, situaciones ni siquiera aproximadas. Pensar que estarían escarbando la basura de los protegidos del régimen, tratando de encontrar algún residuo que saciara su hambre, es de verdad un cuadro que no cabía en el imaginario colectivo. es más fácil ser pobre y acostumbrarse a la riqueza que al revés.

Miles son los ciudadanos que en una especie de diáspora del Siglo XXI, se han visto obligados a migrar, la mayoría de ellos a países vecinos como Colombia o Brasil, escapando de lo que no pueden asimilar. Todo el discurso socialista revolucionario, sólo ha traído tragedia, pobreza y desesperación. Encima, para los venezolanos agraciados geográficamente en el paraíso conocido como Caribe, siempre han hecho gala de liviandad de ánimo, de risas despreocupadas y alegría de vivir, ayudados además por  el clima tropical, la cercanía del mar y la vegetación lujuriante, era pues inimaginable una pesadilla de estas dimensiones.

El petróleo ha brotado por doquier en Venezuela.  Muchos países han sobrevivido con esa riqueza. Y los dólares han caído por siempre como una catarata imparable de recursos para su bienestar. Dubái es en estos momentos, la expresión más precisa de lo que hace la ingente riqueza bien administrada. Porque la plata llama a la plata.

Es claro que son muchas las enseñanzas que está dejando el drama venezolano. Nadie  se debe recostar en una fuente exclusiva de ingresos y menos dormirse en los laureles. Por supuesto que la capacidad destructiva de toda la actividad industrial estatal más los emprendimientos  privados que al final son los generadores de riqueza que ha liquidado la mal llamada revolución bolivariana,  debe ser un caso único en el mundo.  Pero hay que detenerse a pensar que experimentar en un país con ingresos mucho menores -como es el caso de Bolivia- , la urgencia de activar alertas se hace indispensable.

En nombre de un socialismo trasnochado y caduco, aceptar que el estado sea el administrador de vidas y haciendas privadas, es lo más cercano a un suicidio colectivo. Todo eso, sumado a una perversidad enfocada en la aniquilación de emprendimientos basados en el riesgo de inversión y esforzado trabajo, es lo que puede con facilidad, transformar una sociedad estable y que debería igualar a todos hacia arriba, en una verdadera catástrofe.

Los grupos interesados pueden a la larga convertirse en los verdaderos enemigos de un gobierno al momento de pretender hacer un alto para no terminar de desbarrancar. Los intereses de estos grupos, adictos a las mieles del poder,  es probable que terminen por tomar de rehén, en este caso al caudillo, pues está en juego su supervivencia. El miedo a perder la impunidad y enfrentar a la ineludible interpelación de la sociedad, hace que no se le permita dar un solo paso atrás. Y esta parece ser la situación actual de Nicolás Maduro. Por muy listo que esté su equipaje para irse, por ejemplo, de asilado a Panamá, hay cientos de interesados en dejarle saber que solo, jamás. Deberá ir con ellos hasta el final.

Karen Arauz

 

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