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miércoles, 21 de mayo de 2008

a propósito de la protesta del canciller peruano y de la reclamación oficial de su gobierno en contra del boliviano

Por el decoro y la dignidad nacionales
Mauricio Aira
El canciller García Belaúnde, sostuvo que Morales tuvo expresiones "infelices" sobre Perú, refiriéndose a que Perú quería excluir a Bolivia de las negociaciones entre la Comunidad Andina de Naciones y la Unión Europea, sostener que pronto se uniría al "eje del mal", con que se designa regímenes de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y sugerir que la CIA norteamericana estuvo detrás del pedido de extradición de su ex asesor W. Chávez acusado de terrorismo. El ministro García Belaúnde afirmó que “son demasiadas las intromisiones del Presidente Morales en el Perú por lo que tendrá que medir las consecuencias de sus declaraciones” cuando él dijo lo que quizo y asistió libremente a una concentración política contraria al gobierno de Alan García en favor del etno dirigente Ollanta Humala. Horas más tarde llegaba la protesta oficial.

El primer diplomático peruano destacó en cambio la prudencia y respeto de Hugo Chávez refiriéndose con una frase a los jefes de Estado de Nicaragua y Ecuador descargando el reproche al presidente Morales que no mostró ni decoro ni dignidad según añadieron los medios acto seguido.

Según Espasa-Calpe decoro es el honor, el respeto la reverencia, la honra y la estimación, es observar circunspección pudor y gravedad en proporción al grado y la representación que se embiste en éste caso la de primer ciudadano de toda una república con casi 10 millones de habitantes. La cita de Pedro Martoni para explicar la palabrita viene de perilla: “Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen agonía cuando ven que otros viven sin decoro a su alrededor, se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.

Si pensamos en los grandes gobernantes que ha tenido Bolivia, digamos un Paz Estenssoro podremos recordar que siempre que se trató de representarnos en todos los foros durante sus cuatro períodos como Presidente siempre observó decoro y dignidad. No encontramos que alguna vez hubiera merecido los reproches que a Morales le ha hecho el Canciller García Belaúnde y que fue coreado por muchos testigos de los dislates formulados en una conferencia de prensa convocada para “sacar los trapitos al sol y despotricar contra sus opositores” olvidándose del adagio elemental “quémese la casa y no salga el humo” en aras de la dignidad de la patria y del decoro imprescindible en un dignatario de estado que está obligado a honrar el cargo con la nobleza y la grandeza que reclama él mismo de los demás.

Se olvida a veces que el orgullo, la autoestima y el amor propio de una nación se depositan en el hombre que la representa no pudiendo zafarse jamás de la prerrogativa recibida en solemne ceremonia al pie del Crucifijo y con los Evangelios en la Biblia abierta sobre los que juró su preeminencia.

Por otra parte si en la rueda de prensa se hubiera referido a la constitución que hizo aprobar entre gallos y media noche en Oruro, al financiamiento con recursos del Tesoro de una publicidad abrumadora y que está ya provocando el efecto contrario al esperado de sobresaturación y rechazo sicológico, de la crisis ascendente en las exportaciones, la construcción en la salud y educación, en el recorte injusto de los presupuestos prefecturales y el fiasco de la llamada nacionalización del gas, habría sido digno de un hidalgo mandatario, gesto que jamás veremos porque si grandeza falta, humildad no queda.

La dignidad está basada en el reconocimiento de la persona que merece todo respeto y debe ser tolerada a pesar de sus ideas, de su origen, de su posición social, a la vez que sintiéndose libre puede desarrollar su rol en la comunidad siempre y cuando en sus actos demuestre dignidad que es resultado de un equilibrio emocional. Se está convirtiendo en un secreto a voces la real situación política, jurídico legal y económica del país tal como debelan avisados columnistas que nos ofrecen cifras irrebatibles, hechos consumados que se irán imponiendo por encima de la atiborrante propaganda oficial porque la baja coyuntura se asoma más conocida como el período de “las vacas flacas”, al concluír el de las gordas, el tiempo de jauja y diversión.

Recordar además lo efímero del poder. Cuando García Meza llegó al Palacio Quemado proclamó que se quedaría allí con su “inédita democracia” al menos 20 años, antes de concluír el primero el coronel Emilio Lanza pateó la estructura militar y de ahí ha poco echó de la silla al dictador. El poder no es eterno, es de limitada duración que puede recortarse si no existen ni decoro ni dignidad para exhibir la presea de oro y diamantes que engalana el pecho presidencial.






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