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sábado, 16 de octubre de 2010

cada una de las frases del editorial de La Prensa, formulada con valentía, es un dardo que se clava en el tablero de errores de E.M.


Una de las razones por las que gran parte de la población eligió a este Gobierno apuntaba esencialmente a la creación de fuentes de trabajo... Una evaluación objetiva de lo que en nuestros días ocurre en Bolivia, de manera inevitable llegaría a la conclusión de que salvando algunos interregnos, más ligados a definiciones de tipo superestructural (nueva Carta Magna que enganchando lo nacional con lo multinacional crea un entrevero de problemas en lo legislativo, judicial y administrativo que aún no se logra despejar), la discordia y la rencilla se imponen por amplio margen a lo relacionado con la gestión económica y social. En lo que hace al Gobierno de Evo Morales Ayma, esa beligerancia abusiva y permanente refulge de hegemonismo, objetivo que obnubiló al partido de Gobierno, el Movimiento Al Socialismo (MAS), ni bien llegó al poder. Como resultado tenemos un interminable rosario de conflictos políticos, primero con las regiones, luego con los sectores de oposición y ahora con los medios de comunicación social. El Gobierno nacional aparece dedicando la mayor parte de su tiempo y su energía a estos aprontes, a la espera de hacerse de los respectivos lauros: derrotar y someter de cualquier manera a sus posibles adversarios. Pareciera que allí radica su objetivo más importante, aplastar el asomo de cualquier acción ya no política o ideológicamente opositora, sino cualquier visión simplemente crítica a su proceder como gobierno. Entretanto, el tiempo pasa y la economía nacional marcha a paso de tortuga y no a ritmo de gacela, como debiera hacerlo en este tramo de tan buena coyuntura de mercado internacional para nuestras principales exportaciones, fundamentalmente las hidrocarburíferas y mineras. Es evidente que YPFB no cuenta con el caudal financiero que requiere para ampliar a plazo más o menos mediato sus operaciones. La inversión extranjera en el rubro se mantiene estancada. Ni siquiera se dispone de un dato preciso sobre el monto de nuestras reservas probadas de hidrocarburos, referencia valiosa no sólo para una búsqueda transparente de objetivos, también necesaria para todo inversor potencial foráneo. Sin embargo, ya se ha comenzado a recurrir a las reservas monetarias del Banco Central de Bolivia. Decrece, además, la producción agropecuaria (las sequías e incendios forestales agravan esta emergencia) y se prohíbe la exportación de algunos productos, medida que en el futuro inmediato determinará una menor producción. Toda esta situación tiene como elemental resultado que aquella caída de los índices de desocupación que hace ya muchos años alcanzaron porcentajes alarmantes, en la actualidad sigan creciendo, cuando lo evidente es que una de las razones por las que gran parte de la población eligió este Gobierno apuntaba esencialmente a la creación de fuentes de trabajo que puedan brindarle una básica seguridad social y económica. Aún es tiempo de que la postura del Gobierno nacional deje de lado esta política de enfrentamiento a la que ha estado abocado en estos últimos cuatro años. Gran parte de la población aún confía en que finalmente aquel cambio que promete una y otra vez el Gobierno de Evo Morales encontrará el camino hacia aquel desarrollo que el pueblo boliviano busca a través del sistema democrático.

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