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jueves, 17 de marzo de 2011

expertos en describir el efecto de las radiaciones atómicas en el cuerpo humano explican el evidente peligro existente en Japón por las plantas averiadas

"La radiación puede matar. Suministrada en grandes dosiscausa daños severos en los tejidos. En niveles reducidos puede originar cáncer e inducir efectos genéticos que afectan a hijos, nietos y descendientes de las personas irradiadas". La frase consta de un informe internacional del Comité Científico de las Naciones Unidas sobre Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR) editado en 1985. Pero la catástrofe de Fukushima, que Europa acaba de calificar como “apocalíptica”, termina de recordarle al mundo que esa premisa sigue vigente.
Si bien el gobierno japonés ha dicho que el nivel actual de radiación en Tokio no pone en peligro la salud, en dosis elevadas el riesgo para la población llega básicamente por dos vías: una es la inhalación y la ingesta de comida y líquidos contaminados. En el caso del accidente nuclear de la planta ucraniana de Chernobyl, en febrero de 1986, los principales “contribuyentes” a las enfermedades desarrolladas por los habitantes de la región fueron el yodo–131 y cesio–137 que “envenenaron” los alimentos . Son los mismos elementos encontrados en el exterior del complejo de Fukushima y que pueden haberse propagado hacia Tokio, donde ayer se observó un aumento en el nivel de radiactividad.
Si las dosis elevadas de radiación se ponen en evidencia en cuestión de días, las pequeñas no son inocuas. “Pueden activar cadenas de hechos que conduzcan alcáncer y a lesiones genéticas ”, afirma el informe. La diferencia en todo caso es que las dolencias podrán tardar años en aparecer y las malformaciones se manifestarán en generaciones futuras.
¿Cuáles son las “dosis” que una población puede tolerar sin correr riesgos de muerte inmediata? Según los expertos, hay una medida: “Entre 3 y 5 gray (unidad de absorción de radioactivos en tejidos vivos) se puede decir que es de 50% la mortalidad entre individuos expuestos”, reveló el doctor Juan Carlos Giménez, especialista en radiopatología y director del Instituto de Medicina y Radiomedicina. Sostuvo que la “descarga” de yodo–131 y cesio–137 por fuga radioactiva puede, según las magnitudes, producir cáncer de tiroides. “Esto se vio después de Chernobyl”.
Los ciudadanos de naciones nucleares asisten asombrados al desarrollo de la tragedia. Para los expertos, no es posible hablar de niveles de exposición “seguros”.
Y de hecho, hoy se vuelve a discutir cuál es el umbral de lo tolerable en el año que un ser vivo puede recibir. En niveles de 3 a 5 gray, pueden afectarse la médula ósea, los órganos reproductores y los ojos. En los niños, dosis más pequeñas pueden interrumpir el proceso de crecimiento. Lo cierto es que si a dosis altas hay un destino fatal a corto plazo en parte importante de las personas afectadas, en bajas dosis el problema aparece a largo plazo con el cáncer de tiroides, de mama y de pulmón.

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