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miércoles, 4 de mayo de 2011

Francesco Zaratti compara "la muerte del 21060" con la de OBL en interesante texto "muertes paralelas"


El primer día de mayo, en que se conmemora a los mártires de Chicago inmolados por la dignificación de los trabajadores, empezó y terminó para los bolivianos en el signo de la muerte.
En la mañana, el presidente Evo Morales decretó “la muerte del DS 21060”, en realidad el entierro de sus ‘restos” ante una muchedumbre exultante en la mina estatal de Huanuni y, al finalizar el día, el presidente de los EEUU, Barak Obama, anunciaba la eliminación del terrorista más buscado del mundo, el saudí Osama Bin Laden (OBL).
¿Qué tienen los dos anuncios en común, además del motivo de la muerte? Encuentro por lo menos cuatro motivos, que autorizan a hablar, parafraseando a Plutarco, de “muertes paralelas”.
En primer lugar, ambos eliminados eran buscados desde hace mucho tiempo, desde que realizaron sus fechorías: el DS 21060 desde el 29 de agosto de 1985 y, con más ahínco desde enero de 2006, y OBL desde el 11 de septiembre de 2001. Fue imposible dar con ellos antes debido a que estaban protegidos por una maraña de complicidades y escondites; legales el primero, geográficos y políticos el segundo.
Luego, ambas actuaciones tuvieron el impacto de un tsunami, aunque en diferente dimensión. El DS 21060 fue una medida de shock para la economía boliviana, derribando torres intocables como el estatismo desquiciado y la hiperinflación del populismo diletante; mientras que OBL puso al desnudo las fallas de la orgullosa seguridad del imperio, sacrificando miles de inocentes ciudadanos. Ambos, con su actuación, obligaron a ajustes en la vida del ciudadano corriente: en el primer caso le devolvió libertades a cambio de menor justicia, en el segundo le quitó libertades a cambio de mayor seguridad personal y colectiva.
En tercer lugar, ambas muertes son, en cierta medida, inútiles y anacrónicas. Ni el “entierro” del DS 21060 (realizado más por complacer a una COB desorientada que por convicción) acabará con el mercado, ni la muerte de OBL con el terrorismo. Los órganos del DS 21060 fueron extirpados y donados; inclusive se sospecha que células germinales están presentes en el quehacer de toda la economía boliviana, especialmente la informal y la cooperativa. A su vez el terrorismo, como todo estilo de lucha basado en el odio y la violencia, aunque con caretas religiosas o humanísticas, sólo será derrotado por el rechazo de la inmensa mayoría de los hombres, cristianos e islámicos sin diferencias, que siguen creyendo en el valor supremo de la vida.
Finalmente, ambas muertes, sin sepultura digna, son fruto del odio y la revancha. Como bien dijo el portavoz del Vaticano, contracorriente a la histeria internacional, la muerte de un hombre, hasta del más cruel y malvado, nunca debería alegrarnos. El DS 21060, al fin y al cabo, salvó la vida de un paciente agonizante, a costa, es verdad, del sufrimiento de algunos sectores y de la humillación de ciertas ideologías. Por eso duele que se lo entierre por mala práctica médica, como sentencia el ditirámbico y demagógico DS 861 del 1 de mayo de 2011. Del mismo modo, a OBL, antiguo aliado del imperio que acaba de eliminarlo, hubiese sido mejor capturarlo vivo, para escarnio de sus seguidores ante la justicia internacional.
 
El autor es físico

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