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lunes, 3 de octubre de 2011

muy bien Julieta Montaño que pone de relieve la digna actitud de María Cecilia Chacón por llamar a las cosas por su nombre. con su renuncia dignificó a la mujer boliviana.

Los sucesos de Yucumo cuando un grupo de policías arremetió contra hombres, mujeres, niñas, niños y hombres indefensos que se encontraban preparándose para iniciar un nuevo tramo de su caminata rumbo 

a la ciudad de La Paz y las reacciones contradictorias de las autoridades desde el más alto nivel, hasta los niveles medios ha dejado al descubierto que en todos ellos lo que falta es valor para asumir la cuota de responsabilidad que cada uno tiene en esa nefasta acción carente de razón y sentido.

Exceptuando la actitud coherente y digna de la Ministra de Defensa que con total firmeza expresó al Jefe de Estado sin temor alguno su desacuerdo con la manera de encarar los problemas, todos los demás trataron de lavarse las manos negando autoría de la orden de actuar impartida a los policías que durante días reforzaron el bloqueo organizado por los cocaleros, hoy llamados “interculturales”.

Vergonzosamente unos y otros tratan de eludir responsabilidades, en un primer momento pretendiendo hacer creer que fue un Fiscal de Instrucción quien habría dado la orden de intervención brutal, pero al ver que esa explicación no tenía asidero alguno, prefirieron volcar toda la responsabilidad sobre la Policía como si un grupo de más de 400 personas entrenadas para obedecer hubieran adoptado la decisión espontánea de atacar a gente indefensa, golpearla para reducir todo intento de resistencia, arrastrar a mujeres amordazándoles para que sus gritos no sean escuchados, subirles a vehículos que se encontraban esperando y trasladarles hasta aeropuertos cercanos con el fin de que sean enviados a la ciudad de La Paz. Al parecer no existe el valor para reconocer que los ataques de soberbia y autoritarismo de la que hacen gala los altos, medios y bajos funcionarios de Gobierno tiene consecuencias muy negativas no sólo para el que directamente dio la orden, sino también para quienes no tienen la fortaleza moral para oponerse.

Después de que la gente de todos los rincones del país, sin diferencias de clases sociales, credos religiosos, edades o preferencias políticas expresó al unísono su rechazo a tan cobarde atropello, lo único que le queda al Gobierno es dar señales de sincera voluntad de resolver el problema, de  nada sirve sacar a su clientela a las calles en marchas de apoyo ni forzar explicaciones infames como aquella que los policías habrían actuado de muto propio como venganza porque el Gobierno les quitó el Servicio de Identificación como sostienen algunos militantes del MAS, es momento de hacer un profundo examen de conciencia y convencerse que no se puede gobernar sobre la base de mentiras, odio y desprecio a los derechos humanos.

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