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sábado, 13 de septiembre de 2008

un clamoroso pedido al cielo, a las autoridades, al pueblo

basta de sangre (ediorial de el deber de santa cruz, bolivia)

Pasando factura a su antecesor por muertes de compatriotas a merced de los enconos políticos, se estrenó el actual régimen. La impresión que produjo la emisión de la tal factura no era otra que la de mostrar a los gobernantes de la víspera dedicados a la cacería de seres humanos. Ni más ni menos, que como si por entretenimiento o por deporte, se hubiesen dedicado a salir por calles y plazas a cobrar piezas de bípedos implumes, hermanos nuestros por añadidura. En tonos de espanto y con intención condenatoria, el nuevo régimen les abrió cargos a sus predecesores y a tambor batiente les inicio juicios ante los tribunales ordinarios. No pocas veces, los del nuevo régimen hicieron alusión a sus manos limpias, a sus conciencias tranquilas y hasta aseguraron que las páginas de sangre fraterna vertida no se repetirían en el tiempo presente. Robustecieron el ánimo estos anuncios, entre otros, con los que se abrió paso a buen ritmo el régimen que predicaba estentóreamente el cambio. La opinión pública respiraba con alivio y hasta hacía fuerzas para que se escarmentara a los antecesores, que dieron trabajo a la descarnada parca.Se terminó la cruel cacería de hermanos, coincidía con alivio la gente toda de nuestra Bolivia. Y de manera espontánea batía palmas al paso del naciente régimen y de sus calificados exponentes. Pero mucho antes de que hasta los más pesimistas pudieran pensarlo siquiera, se abrió una nueva cuenta por muertos en el fragor, en el encono de las luchas políticas. Una nueva cuenta que, aunque nadie podía imaginar siquiera los alcances de su magnitud, empezó a crecer dramática y muy dolorosamente hasta redondear guarismos , lo que se dice, de espanto. Detonante de tan dramático incidente, en su cruel ahondamiento y en su espantosa repetición, no fue tanto el encono político que no cedió, desde luego, sino más bien la obcecación, el ensimismamiento, el concepto providente que de sí mismos y de sus actos alientan los del nuevo régimen. Reacios a las rectificaciones, nada interesados en limar asperezas, soberbios dentro del marco de su relativa mayoría, los del nuevo régimen, como grande cosa, se declaran abiertos para dialogar; pero con la advertencia por delante de que, en el manejo de los intereses públicos que han adoptado, están resueltos a aceptar modificaciones de forma, pero de ninguna manera de fondo. Lo que en buen romance viene a ser igual a nada, pues a nadie interesa reemplazar un punto por una coma o algo por el estilo. Frente a posiciones tan inflexibles y teniendo en cuenta la falta de interés en una conciliación que le abrevie al país un ruidoso y catastrófico desbarrancamiento, desde lo hondo del corazón del boliviano limpio brota una demanda con genuina pasión e insospechada solidaridad humana: ¡No más sangre!

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