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sábado, 5 de mayo de 2012

excelente texto de Roger Cortez traído por L.R.Baptista. un acierto



Maratón de simulaciones

Finge el gobierno que escucha y es sensible a las necesidades de sus votantes y, como suprema prueba de tal devoción, realiza la compra forzosa de la transportadora de energía eléctrica. Para darle a su acción el toque de virilidad que parece sentir como su primera obligación y compromiso, despliega una escenografía en la que resaltan los uniformes de soldados y los puños en alto.
Los altos jerarcas se encuentran tan desprevenidos sobre el contenido y proyecciones de la última estatización que cuando llega la hora de hablar del valor de lo expropiado y las indemnizaciones, disparan cifras al tuntún, sin que atinen a explicar la diferencia de sus cálculos y las devaluadas cifras que se mencionan en la casa matriz de la compañía.
Simulan asombro los expropiados, atizando la quema de hojarasca que dispara una ola periodística sensacionalista, que exagera la acción gubernamental boliviana y la coloca de la manera más forzada como falso equivalente de la reciente estatización argentina de YPF, olvidando las frescas garantías y elogios del gobierno nacional para con Repsol. Cuadro ideal para que el feriado local sacado de la manga, combinado con el anuncio de expropiación, cumpla su fugaz propósito de aparentar que las cosas se encarrilan en nuestro país.
Finge la dirigencia laboral, que desconoce las responsabilidades e historia de la organización que comanda, exigiendo alzas salariales que sabe bien que no conseguirá, pero que sirven a la perfección a los gobernantes, ciertamente no por los paros y la agitación callejera, sino porque la máxima organización sindical tuerce el rostro y calla frente a la IX marcha, el conflicto social más importante, porque interpela el modelo de desarrollo, la traición oficial a la Constitución y las leyes, y pugna por la defensa de las libertades y la autonomía del movimiento popular.
Esa misma dirigencia, deserta de establecer las reales proporciones y límites del conflicto de la sanidad pública, probablemente por desconocimiento e improvisación, y ayuda a ocultar el Estado mezquina recursos a la salud pública, en la época de mayores ingresos y del avance capitalista más concentrado y rápido que vive el país.
“La Prensa”, 5 de mayo

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