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sábado, 26 de julio de 2014

no provoca ninguna alegría que Santa Cruz sea designada "la ciudad del crimen" y ésto porque lo que está sucediendo desde hace tiempo, especialmente en las últimas semnas, es clara muestra de la agresividad y virulencia que por la presencia de los cárteles de la cocaína de Perú y Colombia y Brasil, al parecer sentaron bases en Santa Cruz.

Santa Cruz de la Sierra asiste azorada a otra ola de crímenes brutales. Ajustes de cuentas por el crimen organizado, conflictos pasionales y atracos a mano armada están detrás de este creciente fenómeno que afecta a gente de todos los estratos sociales y pone en entredicho la seguridad ciudadana. El fenómeno no es nuevo y se viene tratando desde todos los ángulos desde hace décadas; sin embargo, cada vez hay más evidencias de que Santa Cruz se ha transformado en el centro de la delincuencia sin control.

El brutal crimen de Sandra Ramírez Holguín, de 29 años, embarazada de siete meses, asesinada de un balazo en la cabeza en el barrio El Porvenir de la Villa Primero de Mayo muestra el grado de ferocidad que han alcanzado los delincuentes. Casi a las mismas horas, las autoridades gubernamentales presentaban a Alicia Lorena Vargas Muñoz, alias ‘La Mona’, y a otros dos delincuentes acusados por dos asesinatos por encargo. Jaime Abaroma Arana, un presunto sicario, fue acribillado con 10 balazos el martes 15 en las colinas del Urubó. Un día antes, Raúl Mancilla y Goran Popovic murieron a manos de sicarios en lugares públicos con altos grados de brutalidad. La colombiana Vargas Muñoz fue señalada como responsable intelectual de la muerte del peruano Ángel Taype Rodríguez y de formar parte de una banda de sicarios. Y el 19 de julio, la pareja conformada por Isaac Pedraza y Soledad Antelo fue acribillada delante de sus dos hijos en la comunidad Motacusal de la zona norte.
Esta ola de crímenes se produce en un momento en que el narcotráfico consolida sus redes de producción y comercialización de estupefacientes en el país. El secuestro en los últimos seis meses de 14 avionetas cargadas de droga que iban con destino a Argentina, Paraguay y Brasil no es más que la constatación de que los clanes de la cocaína están plenamente vigentes. Es cierto que la acción de las autoridades policiales es igualmente agresiva, pero resulta insuficiente para enfrentar a verdaderas organizaciones delictivas que tienen entre sus modus operandi los asesinatos por encargo a través de sicarios.

El periodista estadounidense Jeremy McDermott, en una entrevista realizada en junio de este año en EL DEBER, advirtió oportunamente que Bolivia –y en particular Santa Cruz de la Sierra– se ha transformado en un centro clave para el tráfico de drogas y, en consecuencia, para el fenómeno de los sicarios. Cabe esperar que las diferentes instancias gubernamentales fortalezcan sus acciones contra el delito y corten las redes de estas organizaciones que, en lugar de retroceder, pareciera que se han consolidado en nuestro medio 


Consejo Editorial: Pedro F. Rivero Jordán, Juan Carlos Rivero Jordán, Tuffí Aré Vázquez, Lupe Cajías, Agustín Saavedra Weise y Percy Áñez Rivero

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