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miércoles, 5 de marzo de 2008

Tres Cortinas de Humo de Alfonso Gumucio

Es doloroso tener que decirlo, pero el gobierno del cambio, el de la refundación del país, el que tiene que mejorar las condiciones de vida de los bolivianos, no lo está haciendo. El primer año era de prueba, bueno, y ahora ya pasó el segundo sin que el proceso ofrezca resultados. La gente más pobre tiene una paciencia infinita, espera y no desespera, confía ciegamente en un líder que simboliza su esperanza, mientras el gobierno busca y encuentra argumentaciones diversas para justificar por qué los cambios no se producen todavía, y cortinas de humo para esconder lo que realmente está pasando.

Una de las cortinas de humo (o más bien de agua en este caso), que usa el gobierno del MAS es la tragedia de las inundaciones que han sumido a zonas del país en una situación dramática. Al principio el gobierno declaró que no era necesario declarar al Beni como una zona de desastre natural. Por suerte cambió luego de posición, pero no tan rápido como para tener una capacidad de respuesta y evitar que el desastre fuera mayor. Ahora el gobierno extiende la mano para recibir ayuda, pues los maravillosos ingresos por la venta del gas, no llegan. Pero entonces, ¿por qué no usa las “nunca-vistas-antes” reservas del Banco Central para ayudar a los bolivianos que sufren?
Los desastres naturales son detonadores de la verdad. Así pasó en Estados Unidos cuando el huracán Katrina arrasó New Orleáns, convirtiendo a la ciudad en un lugar de muerte y sin ley. El gobierno de Bush intervino mal y muy tarde, no pudiendo controlar los daños inmediatos y sobre todo las secuelas de violencia posteriores. Algo similar está sucediendo en el Beni, no hay gobierno central que pueda controlar ni las aguas ni las consecuencias sociales.
Lo más grave es que el gobierno ha usado el argumento de los desastres naturales, para pedir “tregua” política. Eso es inadmisible. Es como si reconociera que no puede atender ningún otro tema que las inundaciones. ¿Todo lo demás tiene que esperar? ¿No hay una parte del Estado que se ocupa de los desastres naturales mientras las demás instituciones continúan trabajando? Usar como cortina de humo las desgracias de la población me parece lamentable.
Otra cortina de humo, una nueva postergación de la solución real de los problemas son los dos referendos aprobados a la mala por la bancada del MAS en el Congreso. Es un absurdo pensar que los bolivianos pueden votar en bloque sobre algo tan complejo como la Constitución Política del Estado, y hacerlo en menos de sesenta días, sin tiempo para conocer en detalle la propuesta del MAS. Y aún si todos pudiéramos conocer a fondo la propuesta, ¿qué pasa si hay ciudadanos que están de acuerdo con 410 artículos pero en desacuerdo con uno o dos artículos fundamentales? ¿Cómo se acomodan los desacuerdos parciales?
Pretender que la consulta sobre la reforma constitucional tendrá alguna validez en esas condiciones, es ilusorio, porque la gran mayoría de la población no ha tenido ni tendrá oportunidad de discutir y debatir, los 411 artículos de la propuesta constitucional del MAS. El voto será ciego, automático, tanto a favor como en contra. En forma muy manipuladora, la propaganda del gobierno por el SÍ se limita a resaltar una decena de puntos sobre los que nadie estaría en desacuerdo, pero omite mencionar los puntos conflictivos.
Por supuesto que el latifundio es inmoral en un país donde los campesinos no tienen tierra suficiente para vivir de ella. Por supuesto que cinco mil hectáreas de tierra improductiva y ociosa, deberían revertirse al Estado, incluso muchas menos. ¿Para qué quiere un ser humano o una familia tener más de 100 o 500 hectáreas si no las trabaja? Pero el tema no es ese, no se puede reducir los enormes desacuerdos que hay sobre el texto de la constituyente a una consulta dirimidora sobre la extensión tolerable del latifundio, cuando hay muchos otros artículos que no han sido aprobados por los 2/3 de los constituyentes.
Por eso, la verdad es que estos referendos nada tienen que ver con la Constitución Política del Estado ni con el latifundio. Como lo hemos dicho otras veces: en las condiciones de extrema polarización política que vive Bolivia, cualquier consulta pública se reducirá a votar a favor o en contra de Evo Morales, nada más. No vale la pena hacer dos consultas, con una basta.
Lo interesante de estas dos convocatorias arrancadas al congreso mediante un cerco de presiones violentas, es que el gobierno súbitamente se olvidó de la otra consulta que había propuesto: el referéndum revocatorio, por el cual se verían obligados a renunciar el presidente y los prefectos si no obtienen una votación mayor a la que tuvieron cuando fueron elegidos anteriormente. Ahora, el MAS ya no insiste en esa consulta, y probablemente esto se deba a que ya no tiene ninguna seguridad de que Evo Morales consiga igual cantidad de votos que en las elecciones generales. Lo más probable es que obtenga menos.
Es importante señalar la maniobra vergonzosa del Vice-Presidente García Linera, en la mejor escuela de los políticos de dobles, oportunistas y traicioneros. Convocó a los parlamentarios de oposición a dialogar, al mismo tiempo que instruía el cerco del Congreso en la Plaza Murillo de La Paz. De ese modo, los parlamentarios de la oposición no pudieron ingresar al Congreso, y las dos leyes para los referendos fueron aprobadas a mano alzada y sin discusión por los levantamanos del MAS.
Las maniobras orquestadas para imponer una constitución que no tiene legitimidad -ni la tendrá a través de un referéndum- no hacen sino exacerbar las posiciones de la llamada “media luna”, cuyos estatutos autonómicos tampoco tienen legitimidad ni contribuyen a hacer de Bolivia un mejor país. Los estatutos se han ido al otro extremo, en reacción a la actitud del gobierno.
La tercera cortina de humo es la que anuncia una conspiración contra el gobierno. Siempre habrá grupos que quieran llegar al poder por la vía inconstitucional. Evo Morales, por ejemplo, conoce bien como desestabilizar gobiernos, tampoco es novedad para él. Pero el fantasma de un golpe de Estado se usa generalmente para conseguir apoyo para los gobiernos que están en proceso de debilitamiento, y puede ser utilizado como excusa para tomar medidas represivas con el argumento de “restablecer el orden” y “preservar el proceso democrático”. Si el gobierno, a través de sus escuchas telefónicas y de sus organismos de inteligencia, tiene evidencias sobre planes conspirativos, debe mostrarlas. Pero lo que no debe es lanzar acusaciones indiscriminadamente, porque entonces estaría desconociendo el juego democrático. Ese juego que a Evo le iba bien en la oposición, pero que en el gobierno ya no le gusta.
Le queda difícil al MAS decir que quiere defender la democracia, cuando casi todos sus actos recientes son violaciones constitucionales y medidas viciadas o ilegítimas. Le queda difícil decir que está velando por el proceso de cambio, cuando a cada paso contribuye a dividir más a los bolivianos, a crear categorías diferenciadas de ciudadanos, y a minar la economía del país.
Todavía tiene Evo un apoyo importante de la mayoría campesina, sobre todo en el altiplano, pero qué pasará si esos campesinos descubren que sus condiciones de vida no mejoran, y que las promesas que les hacen constantemente no son sino eso, promesas, que no tienen sustento real porque la economía del país “rico en gas” es un espejismo.
Tal como dijo Lula frente al congreso de Argentina, hay quienes tienen mucho gas pero no saben explotarlo. ¿A quién se refería Lula?
El autor es periodista, escritor y fotográfo y publica en Bolpress de donde se ha tomado el artículo que reproducimos previa venia de Alfonso Gumucio. Minicaricatura de E.M. publicada en Los Angeles. USA.

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