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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cochabamba continúa siendo geográfica, política, tradicionalmente el centro de unidad de los bolivianos. (Fragmento de ed. de LTD)


Y como todos los años, la ocasión se presta para que desde Cochabamba reflexionemos sobre la facilidad con que los bolivianos en general, y los cochabambinos en particular, caemos presas de conflictos de visiones sobre diversos aspectos relacionados con el pasado, presente y futuro de nuestro país. Ahora el motivo de las disputas es diferente, pero el fondo que consiste en la pugna entre intereses particulares y visiones parciales, el mismo.
Y es de esperar que, como ya ha ocurrido en muchas otras oportunidades, Cochabamba confirme su condición de punto de encuentro más que de separación.
Por su ubicación geográfica, Cochabamba fue siempre un centro de actividad económica tan ligada a La Paz como a Charcas, hoy Sucre, al norte como al sur, al occidente como al oriente del territorio nacional. Durante el siglo pasado Cochabamba fue el puente a través del que Santa Cruz se vinculó al resto del país y hoy sigue siendo un punto de paso y de encuentro no sólo de flujos comerciales, sino también de ideas, de sentimientos, de identidades étnicas, políticas y culturales.
También contribuyó mucho a su rol integrador su composición social, pues aquí ni la población indígena ni las élites criollas tuvieron tanta importancia como en otros centros urbanos de la Audiencia de Charcas, primero, y de Bolivia, después. Por eso, Cochabamba fue siempre un núcleo articulador de nuestra abigarrada sociedad, el hilo conductor de un tejido multiforme y multicolor.
Tales características se reflejaron en las sublevaciones de 1809, así como la que en 1730 encabezó Alejo Calatayud. Mestizos, criollos e indígenas, sin grandes intereses, odios ni resentimientos que los distancien, pudieron unirse alrededor de una causa común más armoniosamente que en otras latitudes.
Casi 200 años después de la irrupción cochabambina en las luchas por la independencia,  tales características se mantienen plenamente vigentes.  Cochabamba sigue siendo la bisagra a través de la que se unen las diferentes zonas geográficas de nuestro país y también donde se atenúan las pugnas políticas e ideológicas. Por eso, ni el indigenismo radical ni el conservadurismo retrógrado encuentran aquí tierra fértil para echar raíces, lo que entre otras cosas impide que la recordación de nuestra historia sea un motivo de desencuentros.
Recordar, reforzar y enriquecer esas características que nos llegan desde los orígenes de nuestra historia es el mayor reto que tenemos los cochabambinos de hoy.  Razón más que suficiente para que este 14 de septiembre sea una reafirmación de nuestra condición de factor aglutinador de la unidad nacional.

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