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martes, 18 de diciembre de 2012

jamás imaginaron Isabelino, Rivera, los demás "operadores del Gobierno" que su mal proceder de injusticia y corrupción les deparaba igual sanción "las paradojas del poder" escribe El Deber. patético.


En previsible situación, la están pasando muy mal algunos de los principales involucrados en el caso Ostreicher, el mayor escándalo jurídico de la historia de Bolivia y que apenas empieza a desvelarse. Se trata de un exfiscal del Distrito, exabogados y exadministrativos del Ministerio de Gobierno. Los hasta no hace mucho vinculados con el poder ahora están encarcelados en el penal de Palmasola y con dos policías como custodios en un pabellón cerrado, donde al menos tienen garantizada su seguridad.
En la estrechez de una celda, comiendo y durmiendo en el mismo lugar donde defecan. Desconfiando de todo, hasta de que les envenenen el rancho de la cárcel. Ciertamente que las condiciones en que se hallan privados de libertad son infrahumanas, indignas de la especie humana, aunque propias de un sistema penitenciario colapsado como el boliviano. Algo que, en razón de sus cargos, también era de pleno conocimiento de los ‘nuevos’ internos del principal reclusorio cruceño.  En todo caso, hay gente que vive en peores condiciones en las cárceles del país, soportando, además de las calamitosas condiciones de su encierro, la retardación de justicia, exacciones, malos tratos y toda clase de abusos y riesgos sin que nadie vele por ellos.
No hay una estrella de Hollywood ni una comunidad influyente detrás de cada preso en Bolivia. Como los detenidos y encarcelados por el novelesco caso de ‘terrorismo’ con el que se desató una implacable cacería humana en esta región, buscando reducir o eliminar toda forma de oposición al régimen actual. “Desde que me arrestaron me dieron una sentencia anticipada y no se me ha tratado como a una persona”, clamó un influyente exabogado del Ministerio de Gobierno donde los últimos cinco años, estuvo a cargo de asuntos jurídicos, entre otros. Los acusados de ‘terrorismo’, ‘separatismo’ y otros cargos fueron arrancados de sus hogares, golpeados, amordazados y enmanillados para ser llevados al penal de San Pedro en la ciudad de La Paz.
Allí permanecen encarcelados sin derecho a un debido proceso y sometidos a un juicio que no llega a ningún puerto y se dilata caprichosamente.
Bajo ninguna circunstancia debe perderse la sensibilidad por la libertad y el respeto a los derechos humanos. Menos desde el ejercicio del poder y de la administración de justicia

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