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sábado, 9 de agosto de 2008

ante la magnificencia de una superpotencia surgente

El coloso llamado China
Mauricio Aira

La realización de los Juegos Olimpicos ofrece al mundo los escenarios de la nueva China cuya historia plagada de dinastías, la guerra del opio, el alzamiento de los boxes, la revolución de Mao, la invasión japonesa, la revolución cultural, y que ha surgido como “el milagro chino” que cobra fuerza al abrir sus puertas a la inversión privada y al comercio exterior.

Comprabadas las falencias del modelo socialista y la evidente existencia de otros modelos, los líderes del Partido Comunista optaron por vías diferentes creando las condiciones para superar su crecimiento económico y una vez asentados los capitales foráneos combinando recursos del estado y los privados alcanzaron tasas de crecimiento cien por ciento mayores a las economías socialistas. China se incorporó a la Organización Mundial de Comercio en 2001 y desde entonces se propaga rápidamente y se convierte en potencia económica estableciendo que Estados Unidos, Japón y Alemania no son ya las únicas, sino que actores como China e India de dimensiones colosales se ubican entre las cinco más grandes por el tamaño de su PIB (Producto Interno Bruto) Su población y extensión son mejor aprovechados para elevar el nivel de su desarrollo.

Su potencial de exportar e importar con el aumento de la oferta y la demanda y la multiplicación de bienes y servicios convierten a China en un conglomerado de empresas que se trasladan allí, los salarios y los costos de producción son menores lo que permite al coloso unas relaciones comerciales inmejorables y ya en 2004 sus aliados comerciales como Brasil y Chile obtuvieron superávit en sus resultados de gestión. Pocos saben que Bolivia desde el 2000 le ha estado vendiendo soya y minerales en volúmenes crecientes y a precios convenientes.

La incorporación de China al comercio mundial le hace competir con las superpotencias habiendo logrado en menos de 25 años trasponer su atraso, su pobreza y lento desarrollo en forma impresionante asumiendo con eficiencia y eficacia los desafíos de su puesto en la economía global con capacidad productiva propia y competitiva lo que dió por resultado el cierre de empresas y aumento de desocupación en las economías tradicionales. Al desaparecer la Unión Soviética Estados Unidos asumió el poder hegemónico en el mundo globalizado junto al G-7 y el Fondo Monetario y el Banco Mundial, cuando al surgir el modelo chino, que resuelve por sí sus problemas estructurales y por la combinación que resulta del socialismo político y su incorporación a las economías de libre mercado, según lo confirman los datos del Banco Mundial y otros operadores de la economía sorprendidos del nuevo fenómeno.

China acusó un crecimiento del 10.3% entre 1980 al 88 de allí para acá el promedio se ubica en un 8% casi el doble de las economías hegemónicas tradicionales demostrando que el capitalismo ortodoxo no es más la única ni la mejor opción para apurar el desarrollo de naciones atrasadas y que existe la nueva vía “socialismo de mercado” con la modernización de su agricultura, industria, defensa nacional, ciencia y tecnología y la tendencia a disminuír la presencia estatal como estrategia para atraer inversiones y tecnología de occidente y de crear incentivos a la producción lo que salvó a China de caer en los mismos errores y los terribles efectos que derrumbaron la economía socialista.

La aplicación de éste “socialismo de mercado” por Deng Xiaoping y sus colaboradores ha sido el método para obtener tales resultados que China ocupa el segundo lugar después de Estados Unidos, con exclusión de la Unión Europea por tratarse de un bloque de 25 países. Es evidente que mientras la economía China crece las de Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia vienen soportando una desaceleración y recesión, déficit fiscales y comerciales que están superando los límites tolerables por la ciencia, los monetaristas y los entes financieros. Tales episodios son relatados con detalle en las 350 páginas del libro de Börje Ljunggren (autor sueco) que con el título de “China, el drama de nuestra era” acaba de aparecer y que describe los aspectos históricos, económicos, políticos, ecológicos, de justicia social y derechos humanos justamente éstos días en coincidencia con las Olimpíadas.

El escritor afirma que muchos de los objetos que usamos en nuestra vida diaria provienen de China convertida en “el taller industrial del mundo”. Grandes empresas suecas como Hennes & Mauritz, Ikea producen allí, reconociendo que han asumido su responsabilidad en cuanto al trabajo infantil o de artículos producidos en las cárceles, y en cuanto al régimen salarial algo más próximo a los niveles europeos.

China se ha abierto hacia el mundo, aunque persisten sus limitaciones de idioma, tradiciones, de cultura, de historia y de un régimen autoritario unipartidista que le hizo mucho daño en el pasado. La magnificencia de los escenarios y la calidad de vida que se está ofreciendo al gran público globalizado son el resultado del fenómeno chico que en pocas décadas ha logrado nivelar si acaso no sobrepasar los conocimientos y la tecnología de las superpotencias.
China es el coloso del Siglo XXI.

El esplendor técnico y humano exhibido en la inauguración del mayor evento deportivo mundial, es resultado en su magnificencia y precisión del esfuerzo, el trabajo, la suma de voluntades de líderes y ciudadanos que nos han dejado profundamente impresionados!

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