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jueves, 16 de octubre de 2008

la crisis del siglo, la más grande hecatombe financiera de todos los tiempos



Al toro por las astas
Mauricio Aira

En Europa como en Estados Unidos y el mundo entero la llamada crisis del siglo que alguno comparó con la caída del muro de Berlín para el imperio soviético, puso fin al mundo de la globalización que había convertido a la economía en algo inmaterial, virtual, de papel, que fue inflando una burbuja que terminó por estallar estruendosamente. Había empezado una catástrofe de tan colosales dimensiones que según los expertos tardará entre 20 y más años para reponerse.

Perplejos y alucinados los líderes políticos no terminan de expresar su asombro ante la caída de los bancos de crédito, los bancos centrales, las financieras, aseguradoras y hasta de entidades consultoras y de auditoría famosas que ponían su firma de garantía a los grandes contratos y documentos contables las que estuvieron en línea con “los amos del universo” que buscaban ventas y ganancias por encima de todo, con la fiebre del provecho fácil en mercados sobrecalentados y acerca de lo cual se habían lanzado voces de alarma y prevención que nadie quizo escuchar porque la globalización parecía abarcarlo absolutamente todo hasta concluír “que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos”

La introducción quizá nos ayude a comprender el trajín febril durante las tres semanas de crisis con encuentros diarios de los protagonistas del poder. En España por ejemplo Rodríguez Zapatero y Rajoy cabezas visibles de los más grandes partidos políticos no tardaron en arribar a grandes acuerdos para salvar la economía. En Suecia además de las reuniones reservadas entre los cuatro partidos de la Alianza que administra el Reino y el bloque de tres otros de la oposición, se ha llevado a cabo un extenso debate en torno a la aprobación del presupuesto general 2009, uno el oficial que propone el Ejecutivo al Parlamento y el alternativo que la oposición presenta a continuación. De ambos proyectos tiene que surgir un tercero que cuente con la aprobación mayoritaria y que será ejecutado a partir del uno de enero.

La discusión se centró en la economía, la desocupación, los impuestos. Todos estuvieron de acuerdo en ponerle el hombro a la crisis y compartir la carga. Una rebaja de impuestos para asalariados con un ingreso dado y un aumento para los que sobrepasan la línea, se acordó estimar el ingreso por familia, o sea de ambos contribuyentes. El acuerdo principista se ha impuesto por consenso, aunque nada es definitivo en un momento como el actual cuando se habla ya en voz alta de la posible quiebra de dos colosos de la industria metal mecánica como son Volvo y Saab que para la producción de automóviles están asociadas con Ford y General Motors de EEUU. De haber quiebra se refiere a éstas asociaciones que han visto de pronto caer sus ventas en porcentajes de dos cifras, lo cual nunca había ocurrido antes de ahora.
Consuela algo señalar que ambas empresas mantienen su independencia de las americanas para fabricación de camiones, maquinaria de construcción, motores para aviones y barcos.

Consolidado si se quiere el tema financiero por la solidez de los bancos de Suecia que ya antes habían sufrido los terribles embates del precalentamiento e impuesto severas reglas para el control del crédito y con regulaciones a los porcentajes de interés, (aunque no está dicha la última palabra) queda el problema de la desocupación que aumenta cada día. Poco ayuda que la bolsa se recupere y las firmas suban el valor de sus acciones, la desocupación persiste como una sombra negra, puesto que al haber despedido miles de trabajadores los fabricantes, se produce el fenómeno del dominó con las empresas subsidiarias de tamaño mediano y pequeño que están deshauciando a parte de su personal.

Es en éste punto que gubernistas y opositores se han puesto de acuerdo, han tomado al toro por las astas para asumir medidas conjuntas en unos casos que frenen la desocupación creando incentivos crediticios y abriendo mercados para las empresas, o de ser inevitable los despidos, reocupar la mano de obra, capitalizar las cajas de desocupados, abriendo cursos y oportunidades de estudio y mejora de los conocimientos profesionales, planteándose con mayor énfasis que antes de la crisis, la reorientación profesional. O sea ofrecer la alternativa de cambiar de la industria a los servicios, de la producción a la educación, de la tecnicidad a las manualidades de tal modo de amortiguar el dramático efecto humano y social que significa la desocupación masiva e imprevista.

Colectivos como el noruego están algo mejor preparados para la coyuntura con enormes fondos monetarios que han ido acumulando en el período de las vacas gordas. Ahora cuando llega la emergencia echan mano de aquella política previsora. Quedan en statu-quo las líneas del desarrollo y el crecimiento económico que tanto tienen que ver con la expansión de recursos y servicios, el tratamiento a la inmigración, la construcción y los planes para mejorar la infraestructura, los recursos ahora se necesitan para subsidiar a los nuevos necesitados y ponerle el cuño a las partes débiles. Resta ver en las subsigientes semanas el desenlace que irá a producirse con las medidas de urgencia llamadas de rescate y salvataje que se están aplicando a nivel mundial y el efecto imprevisible de las elecciones que pondrá en la Casa Blanca a un hombre de color por primera vez en su historia de más de doscientos años.


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