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jueves, 9 de octubre de 2008

santa cruz está sufriendo una odiosa discriminación en la provisión de carburantes. la situación es intolerable

No es arriesgado pensar que una mano siniestra que se mueve entre las sombras del poder es la causante del salvaje y letal desabastecimiento de carburantes. Desabastecimiento generado por sujetos sin entrañas en perjuicio de nuestra región cruceña y en desmedro no sólo de los sectores agroproductores e industriales, sino además de la ciudadanía en pleno y desde luego, del autotransporte.El desabastecimiento, no por mera coincidencia, empieza a sentirse con características intolerables justo a lo largo y ancho de nuestra Santa Cruz de la Sierra. A veces, en estos días sin remontarnos a otros tiempos, la escasez o mejor dicho la falta de carburantes es tan dramática que en muchos puestos de abastecimiento se llega a suspender la atención al público y podría darse el despido del personal a cargo de los equipos de suministro. Situación tal que rara vez acontece en otras plazas del interior del país que, ciertamente, gozan de tratos preferenciales que lastiman fibras muy sensibles de nuestra comunidad. No vamos a repetirnos en la cantinela de nuestros derechos preferenciales en razón de lo mucho que tuvimos que ver con la productividad de los hidrocarburos y con las luchas que estos recursos y sus regalías generaron. Vamos a destacar, simplemente, a través de las líneas que siguen, que la falta del tan estratégico producto tiene efectos demoledores que de manera muy directa afectan al país en sus cuatro direcciones. Y eso, porque entraba el proceso de la producción de bienes de consumo, buena parte de los cuales están destinados a los mercados de las regiones altas de nuestra diversa Bolivia. Bienes de consumo que, de igual modo, en proporciones apreciables, acceden a los mercados externos gracias a inteligentes y costosas negociaciones con empresarios al máximo de exigentes. La escasez de carburantes, debida supuestamente al prurito de hacer pasar tragos amargos a nuestra región y su gente, puede desencadenar consecuencias que no sólo afectarán a lo nuestro, a lo regional, a la comunidad oriental, sino más bien al país, y justo en momentos en que precisa de todas sus reservas espirituales y físicas para capear los temporales que le están soplando de frente y con probadas y extremas repercusiones. No ha habido quién, de esta comunidad nuestra tan heterogénea, no se conmueva siguiendo a los productores y particularmente a los transportistas, de surtidor en surtidor, o sometiéndose a la interminable pena de las colas en procura de unos litros de carburantes. Claro, de tener sus maquinarias provistas depende el aprovisionamiento de los mercados de dentro y de fuera, con artículos, todos, de primera necesidad. Los productores, los transportistas, cumplen sacrificando el todo por el todo. En cambio, la mano siniestra que los raciona se regodea en medio de la angustia de todos ellos. (así lo detalla El Deber)

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